El debate entre los candidatos presidenciales Barack Obama y John McCain despertó singulares expectativas por el contexto crítico en el que se desenvolvió la discusión. Habitualmente estos debates suelen no ofrecer demasiadas novedades para los oyentes, porque las condiciones que imponen los protagonistas son tan severas, tan rígidas, que nada queda librado a la espontaneidad. Sin embargo, en este caso, y atendiendo a la formidable crisis desatada en el corazón del mundo financiero, las opiniones de los candidatos fueron importantes y permitieron al electorado establecer diferencias visibles entre uno y otro.
Si bien los observadores consideraron que el debate merece la calificación de "empate", existe una amplia coincidencia en señalar que las preferencias del electorado se están volcando de manera lenta pero inexorable hacia Obama. En el debate se pudo apreciar que el candidato demócrata manejaba con fluidez los datos de la economía y era capaz de proponer salidas y soluciones consistentes y avaladas por un mínimo de rigor técnico. Lo mismo no podía decirse de McCain, más atado al discurso clásico de los republicanos respecto de las funciones equilibradoras y moderadoras del mercado. El propio candidato republicano admitió que la economía no es su fuerte, una confesión que se podía disculpar antes de la crisis, pero que en las actuales condiciones pasa a transformarse en una falta grave.
A poco más de tres semanas de las elecciones nacionales, el electorado norteamericano empieza a posicionarse respecto de sus preferencias. Lo hace en un contexto muy complejo. La crisis no sólo genera apremios sino que alienta miedos y prevenciones. Las propuestas conservadoras suelen ser las más funcionales, por lo que, en principio, la crisis lo podría llegar a beneficiar a McCain; pero las falencias técnicas del candidato y el hecho de que el actual gobierno pertenece a su signo político, le juega en contra. Incluso la amenaza de ajustar gastos sociales provocó la alarma del electorado negro e hispanoamericano, el más sensible a estos beneficios. Las encuestas de opinión en estas franjas de la sociedad están dando un resultado favorable a Obama y, según la proyección, todo parece indicar que esa diferencia se irá acentuando.
Un observador internacional señala que el candidato demócrata gana en los Estados de Ohio, Pensylvania e Illinois. Según las performances históricas los candidatos que ganan en dos de estos tres Estados, son los futuros presidentes de EE.UU. A ello hay que sumarle una gran diferencia de votos en Estados estratégicos y testigos como California, donde Obama supera a su rival por más de veinte puntos.
Falta menos de un mes para las elecciones y todo permite suponer que el proceso electoral se desarrollará a la par de la crisis, considerada la más importante de Estados Unidos en los últimos ochenta años. La ecuación campaña electoral-crisis dará lugar a interesantes observaciones por parte de los analistas políticos, pero más allá de estas conclusiones, está claro que la sociedad intentará dar su apoyo al candidato que le garantice más seguridades o al piloto de tormenta que le asegure que conducirá la nave del Estado a buen puerto.