Opinión: OPIN-01 El impacto de la crisis mundial en Argentina

Entre los dirigentes del oficialismo local empezaría a consolidarse la idea de que la crisis financiera con centro en Wall Street y con proyecciones internacionales manifiestas, de alguna manera va a impactar en estas playas. Las reflexiones vienen al caso porque fue la propia presidenta de la Nación quien dijo en Nueva York que el plan económico de nuestro país era tan previsor que nos protegía contra los ramalazos de la crisis. Con tono irónico y burlón la mandataria se refirió a los problemas del capitalismo global, criticó la denominada economía de mercado y se permitió aconsejar a los economistas del mundo desarrollado respecto de cómo resolver los grandes dilemas de la economía.

A los pocos días de pronunciadas estas palabras en el foro internacional más importante, los dirigentes del oficialismo admitieron a regañadientes que las palabras de la señora Cristina, en el más suave de los casos, habían sido apresuradas y que había que tomarlas como una humorada y no como un principio de orientación política.

Ocurre que entre los economistas se admite como punto de partida que las crisis en el mundo globalizado nunca se reducen a una región o a un Estado y mucho menos cuando la crisis es profunda. La información sobre el impacto de la crisis en Brasil y Europa terminó de disipar las ilusiones sobre nuestra aparente inmunidad. Ahora se sabe que los apremios financieros de Brasil inevitablemente impactarán en la Argentina. Lo mismo debe decirse de Europa con quienes mantenemos vínculos comerciales más intensos y cuyos principales jefes de Estado - a diferencia de nuestra mandataria -han manifestado su alarma sobre el desarrollo de los acontecimientos.

Sólo la ligereza de opinión o la irresponsabilidad puede suponer que lo sucedido en Wall Street nos resultará indiferente. Si bien las relaciones económicas de Argentina con Estados Unidos no son tan intensas como en otras décadas, ni los recursos que los argentinos residentes en EE.UU. envían a la Argentina son tan importantes como los que mandan a México o Cuba, sí lo son las relaciones que mantenemos con Brasil y Europa.

Es verdad que nuestra parcial marginalidad financiera de alguna manera nos preserva de los coletazos de la crisis, pero a esta verdad hay que relativizarla en tanto que el rasgo distintivo del capitalismo del siglo XXI es su entrelazamiento, la celeridad de los flujos financieros y su inevitable globalización.

Por otra parte, no está escrito que la crisis no vaya a afectar los mercados asiáticos. Si ello ocurriera -y hay buenos motivos para sospechar que puede ocurrir- el impacto sobre la economía nacional sería grave. Recordemos que la clave del crecimiento económico argentino de los últimos años está dado por la venta de los commodities a estos mercados. Si las ventas disminuyen o si los precios se caen, las consecuencias en nuestro presupuesto son más que previsibles.

No se trata de desear lo peor para la Argentina, sino de ser realista y asumir con rigor los desafíos de la hora. Hay que admitir que la crisis no encuentra a la Argentina colocada en la peor situación, pero de allí a creer que nada nos puede afectar o a ponderar de manera irresponsable la presunta sabiduría de un modelo económico como lo acaba de hacer el gobernador del Chaco, hay una gran distancia, la misma que existe entre el optimismo y la irresponsabilidad o entre el realismo y la tontería.