Dirigentes y autoridades, en cualquier tipo de actividad, no tienen las mismas responsabilidades que quienes los han elegido. Sus obligaciones y tareas exigen una madurez y seriedad que no son iguales al resto de quienes representan.
Son naturalmente líderes de opinión. Además de cumplir una función específica, su voz suele ser parte de la vida pública de un sector o de algún colectivo social, y por lo tanto, sus palabras pueden ser amplificadas por los medios de comunicación.
Para todos los ciudadanos, en cualquier posición, corresponden las mismas normas de convivencia y los mismos dispositivos legales respecto de sus conductas; pero para quienes tienen a su cargo la dirección de un grupo, la sensatez y la cordura deben ser mayores, tanto como la carga que los honra y han aceptado de sus pares.
Reflexiones de este tipo caben para el lamentable episodio reciente que ha tenido como protagonista al presidente del club de fútbol Rosario Central, que utilizó palabras como "matar" (e insultos del más grosero calibre) para hablar del rendimiento deportivo de ese equipo.
Un video casero no deja lugar a dudas sobre el tenor y la ira de las aseveraciones del Dr. Horacio Usandizaga en medio de un acto público, en el que se ven simpatizantes de ese club que festejan con algarabía las violentas apelaciones de la diatriba, con especial énfasis ante las amenazas a los jugadores de su equipo.
La División Judiciales de la Unidad Regional II de la Policía de Santa Fe consultó a la Justicia respecto del hecho, enviándole un parte con los pormenores del caso.
Si la cabeza institucional de un club cree tener derecho a usar términos tan extremos como luctuosos y violentos... ¿qué queda para forajidos y gente de malvivir que suele poblar las llamadas barras bravas de éste y de todos los clubes con abundantes seguidores en nuestro país?
Si además se piensa que el exabrupto no proviene de un dirigente improvisado, sino de uno de los protagonistas más importantes de la vida política santafesina en la historia reciente de la provincia, se podrá advertir que lo ocurrido supera lo anecdótico.
Usandizaga ha representado a todos los santafesinos al ser electo senador nacional. Fue intendente de la ciudad de Rosario y en dos oportunidades candidato a gobernador. Su nombre fue aprobado por la Asamblea Legislativa santafesina, al ser consagrado miembro del directorio del Ente Regulador de los Servicios Sanitarios (Enress), en octubre de 2003, su último cargo público.
En política constituye una verdad sin eufemismos que para la opinión pública, la mujer del César no sólo debe ser buena sino también parecerlo. Ese rígido principio Ätantas veces ignorado por quienes deberían obedecerlo, como reclamado por los ciudadanosÄ también vale para enfrentar el problema del fútbol y su relación con la violencia.
Los dirigentes de los clubes no pueden Äni en un momento de irritaciónÄ
apelar a los mismos códigos de la violencia que deben buscar resolver. En el ámbito futbolístico la violencia está siempre contenida, a punto de explotar, y un dirigente con trayectoria política debería saber que las palabras que se expresan en una función que detenta poder, deben ser siempre medidas y estar a la altura de las circunstancias.