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José Luis Pagés
Un hombre y una mujer quedaron detenidos en las últimas horas, en el marco de la investigación policial que el último domingo permitió localizar y liberar a una joven vecina de barrio El Pozo que fue secuestrada el viernes, para ser brutalmente sometida por un número indeterminado de hombres en una casa de barrio Transporte.
A los tres individuos apresados en un primer momento en un aguantadero de calle Ayacucho al 2600 se agregó ayer la mujer que pareció actuar como entregadora de la víctima -en Las Rosas al 10000- y también un sujeto -en Pasaje Ingenieros al 7900-, que tenía en su poder armas, drogas y teléfonos robados.
Apenas los agentes de la comisaría 25 fueron en auxilio de la mujer, que atada a una cama pedía auxilio en el inmueble de barrio Transporte, el dueño de casa, un tal Andino, quedó detenido. Poco después de liberar a la víctima, otros dos sujetos -Jorge R. y Marcial V.- correrían idéntica suerte, cuando distraídamente llegaron al lugar con intención de abusar de la cautiva.
A esos sujetos que cuentan con pésimos antecedentes -el primero de ellos estaría involucrado en no menos de una veintena de causas judiciales- se agregaron ayer Norma F. -presuntamente vinculada a la trata de personas- y Adolfo V., quien a juzgar por los efectos que le fueron secuestrados, tanto podría ser un proxeneta más, como también un traficante de armas o drogas pesadas.
En poder de Adolfo V., un veterano de 44 años de edad, los agentes de la URI -también los de la ex Dirección de Drogas Peligrosas-, encontraron una tiza de cocaína y un trozo compacto de picadura de marihuana. Luego hallaron en la casa del rufián ocho teléfonos celulares y las siguientes armas de fuego: un revólver 22 largo, un 38 largo, una carabina 22 automática y numerosos proyectiles de los más diversos calibres.
En tanto, la mujer víctima de la engañosa maniobra -había dejado la casa paterna para ir a un baile en compañía de Norma- permanecería internada en un centro médico y su estado -al decir de las fuentes consultadas- sería sumamente delicado, dadas las reiteradas violaciones y los golpes propinados durante las largas horas que duró su cautiverio.
La impunidad de la que parecían gozar los ocupantes de la casa de calle Ayacucho -a metros de Aristóbulo del Valle-, el trato atropellador y prepotente que dedicaban a sus vecinos y el desprecio a cualquier norma establecida permitían imaginar que el lugar era refugio o cuartel de avezados delincuentes.
Basta con pasar revista a las edades de los detenidos para advertir que ninguno de ellos es un recién llegado al mundo del delito. Los mismos tienen 33, 42, 43, 44 y 57 años de edad, de tal modo que el episodio criminal que los involucra ahora sólo sería un capítulo más en una larga saga que los tendría como protagonistas, una historia cuyo hilo dramático pasa por la trata de personas.
Se sabe que la policía profundiza la investigación para descubrir las conexiones del grupo en esta ciudad y provincias vecinas, también para saber si existe relación entre este caso de privación ilegítima de la libertad y alguno de los cinco homicidios consumados durante el último fin de semana, en la planta urbana de nuestra ciudad.