Hay tres palabras que hemos utilizado mucho en estos tiempos: compromiso, transformación y revolución.
El compromiso es el que tenemos para con los socios de Colón y con los miles y miles de hinchas de este amado club, al que protegeremos y haremos crecer hasta el último día de mi gobierno. Cómo verán, el grado de ese compromiso, por parte la directiva, es absoluto.
La transformación, porque los propios jugadores lo saben: todos los que estamos dentro de Colón debemos trabajar sin pausas para que el club de nuestra pasión pase a la historia. Los directivos, el técnico, el jugador, el equipo y quienes trabajan vinculados al fútbol amateur debemos tener el compromiso diario con una mirada hacia un horizonte que debe tener por objetivo cambiar la historia de la institución. Como presidente de esta pasión me desvela ese sueño.
Y la palabra revolución es la que utilicé como perfil de esto que ya hemos iniciado y que, lo sé positivamente, es el mejor camino para hacer de Colón un club grande de verdad.
Desde el día en que empezamos con decisión a trabajar en el predio, a construir las canchas, a comprar ese anexo imponente y a convencernos de que, en un futuro inmediato, tendremos uno de los mejores campos deportivos del país, soñamos con un cambio en la política deportiva de la institución. Y con orgullo puedo decir que lo lograremos.
Este es un proyecto institucional. Ha sido ideado e impulsado por los dirigentes, será ejecutado por la gente que está capacitada y fue convocada para tal fin, y es institucional también porque su custodia y crecimiento está en manos de los socios. Por eso, necesitamos la ayuda del colonista. Este trabajo es arduo y profundo. Sé que nos va a dar grandes satisfacciones y que nos sentiremos orgullosos en el futuro. Nos hará crecer deportiva, económica e institucionalmente, pero no lo puede hacer una persona, una comisión directiva o un grupo de entusiastas colaboradores. Lo debemos hacer entre todos, para que trascienda y sea el gran estandarte que nos marque el camino.
Alguna vez, el club necesitó del "Fondo Rojinegro" para subsistir. Y allí estuvieron los colonistas para ponerle el hombro al club de sus amores y no dejarlo morir. Ellos ayudaron a paliar aquella deuda económica.
Hoy debemos hacer de cuenta que tenemos una gran deuda. Una deuda con el pasado futbolístico y, para saldarla, nos debemos comprometer todos en la construcción del futuro del fútbol de la institución. Debemos empezar a transitar el camino que nos lleve a grandes logros deportivos. Estamos en condiciones de hacerlo; sólo necesitamos el compromiso de todos quienes vestimos la sangre y luto.
Vamos a constituir una Fundación. Y en ella participarán los sabaleros de ley, los que aman al club, los que se entristecen y se emocionan con cada resultado deportivo, los que, además, están dispuestos a asumir el mismo compromiso que la dirigencia, en la transformación del club y en esa revolución que ponemos ya mismo en marcha.
(*) Presidente de Colón.