| |
En los últimos dos años, el tambo del veterinario Mario Neffen -en realidad todos los campos de Santa María Norte- primero fueron arrasados por la inundación del 2007 y luego "quemados" por la sequía más cruda de las últimas décadas.
"Mi abuelo Pablo me contó de una inundación gravísima en 1914, pero yo nunca había visto una cosa así", confiesa Neffen. El agua lo obligó a vender la mitad de sus vacas -tenía 600-, a trasladar el resto a otros lotes de San Guillermo y Córdoba, y a pelear con todo para que el año no lo dejara afuera del negocio. "Fue muy difícil subsistir al 2007, la rentabilidad fue totalmente negativa", reconoce.
Pero Neffen aguantó y ahora puede decir que empieza a recuperar el ritmo. En su tambo logra un promedio de 25 litros por día con 216 vacas en ordeñe (son cinco litros más que el nivel medio de su zona). En su lote de punta, las vacas alcanzan un promedio de 34 litros por día, pero Mario sigue pensando como ser todavía más eficiente. "Es que soy una apasionado de las vacas", admite.
Este veterinario estructuró su tambo a partir de dos ejes. El primero es la calidad genética de sus animales. Neffen continuó el trabajo que había comenzado su padre Floriano. "Incorporamos semen canadiense y de algunas cabañas de la zona de reconocida calidad, y lo acompañamos con la capacidad de manejo que aporta el personal eficiente. Acá hay 25 años de genética", destaca.
En este tambo hace cuatro meses que las vacas están divididas en dos lotes. En el lote de punta hay más de 100 animales. "Son vacas que están en el primer tercio de lactancia y se le agregan algunas de mayor producción", señala este tambero. Esta son los animales que vienen promediando entre 34-35 litros diarios.
La segunda fortaleza es la calidad del alimento que comen sus animales. "La vaca siempre tiene que estar bien alimentada", insiste Neffen, una y otra vez, mientras mira con orgullo su lote de elite, que pasta en el medio de una parcela de alfalfa que se implantó el año pasado después de la inundación.
En esta zona, las alfalfas son todas nuevas porque el agua destruyó todas las que se habían implantado.
Además de estas pastura, sus vacas reciben silo de maíz, semilla de algodón, maíz molido y sales minerales (100 a 120 gramos diarios). "Es un producto antiempaste", explica. Los animales del lote de punta también comen 2 kilos y medio de expeller de soja.
En la zona de influencia de San Jerónimo Norte cada vez hay menos tambos, y el desafío sigue siendo competir con la soja. "Estoy convencido de que los tambos pueden ser mucho más competitivos, pero no es algo que se logra de un día para el otro", afirma Neffen.
Para el veterinario es clave lograr que las vacas estén bien alimentadas durante todo el año, tanto en invierno como en primavera o verano. "Además, debemos ser eficientes en la detección de celos, en la crianza y en la reproducción en general", agrega.
Neffen dice que esto se consigue a partir del estudio y la capacitación. "Aunque también hay algo de arte, es un plus -algo innato- que a veces te permite detectar y criar mejor a los terneros. Tiene que ver con el oficio", opina.
"La otra cosa que hay que tener es cintura para sobrevivir a los desastres climáticos y a las políticas inadecuadas. Esta capacidad es esencial para saber desplazarte con la menor cantidad de errores posible", apunta.
Neffen también reconoce que para ser más competitivos y eficientes es esencial asociarse y compartir información. "El modelo asociativo lo venimos implementando de toda la vida. Mi padre fue fundador de un grupo hace 25 años. Compartían el uso de un tractor y de otras herramientas. Yo he seguido esa senda", cuenta.
Neffen y otros productores de Felicia -la localidad donde está radicada su familia- comparten el uso de una picadora de maíz y otros herramientas. La comercialización de la leche la realizan entre 20 productores. "Hay que seguir profundizando este camino para poder sobrevivir y empezar a conseguir cierta rentabilidad. Hay que tener en cuenta que dos tambos se cierran por día en la cuenca lechera", plantea.
Mario Neffen insiste en que para seguir en el negocio los productores tienen que estar comunicados. "No existe el establecimiento ideal, siempre hay cosas que podés corregir y entre todos tenemos que aprovechar lo que hace bien cada establecimiento y estos grupos siempre deben ser asesorados por ingenieros agrónomos y veterinarios", aclara.
Mario Neffen es, tal vez, el último representante de una prolífica estirpe tambera. Fue su abuelo quien inició la tradición desde una modesta explotación entre San Jerónimo y Santa María Norte. Hoy, las nuevas generaciones parecen haber elegido otro destino, más cercano a la ciudad. Sin embargo, este médico veterinario se aferró a su legado familiar con una mezcla de pasión, orgullo y tesón. Pese a las prescripciones médicas que lo obligan a usar protección para el sol, este hombre ya lleva 57 años viviendo al aire libre, en contacto con las vacas.
"Esta vaca es muy buena, miren la ubicación de los pezones y la capacidad lechera de las ubres", le destaca a los enviados de Campolitoral. Para Neffen, el aporte de la raza Jersey ha sido fundamental a la hora de aportar una mayor facilidad de parto sin perder capacidad lechera.
Es que los animales del lote de punta realmente sobresalen del promedio regional. El trabajo genético a lo largo de los años ha logrado un animal que produce 35 litros y marca números impresionantes que, según Alecol, reflejan en células somáticas una leche de primera calidad.
La alfalfa, el otro aspecto notable de este tambo, expresa el cuidadoso trabajo del manejo de pasturas, gracias al cual estas vacas traducen el alimento en leche. La alimentación se complementa con silo de maíz, recientemente sembrado.
La sanidad, otra de las patas sobre las cuales se sustenta todo planteo ganadero, está a cargo del propio Mario, quien pese a haber sobrellevado la peor inundación de la historia (el año pasado) y la sequía más dura de la que se tenga memoria un año después, mantiene vivo el sueño de vivir de una de las actividades más castigadas e ingratas del país, abonando sus conocimientos con la pasión de nuestros tamberos.
En estas 263 hectáreas de campo, Mario Neffen sigue apuntando a incrementar la producción por hectárea basándose en las fortalezas de un buena alimentación, la incorporación de la mejor genética y al trabajo del personal eficiente. Una fórmula que hasta ahora le permitió sortear los momentos más difíciles. Y volver a empezar, cada vez que todo parecía perdido.
Metas
En este tambo, los próximos pasos son: renovar la infraestructura y seguir apostando a la receta que le está permitiendo salir de la encrucijada en la que lo dejó la inundación. "Antes de la catástrofe climática, en el tambo producíamos más de 7.000 litros por día. Con el diluvio caímos a sólo 1.500 y ahora estamos cerca de 6.000. Mi meta es volver a esos 7.000 y estabilizar la producción durante todo el año", concluye Neffen.
Gastón Neffen y Federico Aguer Enviados especiales