A los actuales precios de mercado, el Gobierno tendrá el próximo una caída en el ingreso de divisas por exportaciones agropecuarias del orden de los 12 mil millones de dólares. Si analizamos el ingreso por retenciones, el aporte se reducirá en 3.500 millones de dólares.
Los dos pilares de la actual administración los superávit comercial y fiscal se verán seriamente afectados como consecuencia de la caída proyectada en el volumen de producción global y la caída real que ya se produjo en los precios de las materias primas agropecuarias.
La frase de nuestra presidenta, "no vamos a estar afectados por la crisis financiera internacional" la peor en toda su historia, parece no estar a tono con la realidad. En estos momentos el Gobierno se debe estar arrepintiendo por el elevado costo económico que debió pagar por la intransigencia en la negociación con el campo por el tema de la resolución 125. Es infantil el razonamiento oficial de expresar que, con el esquema móvil, el campo pagaría hoy menos retenciones a la soja y que el sector productor se vería beneficiado con 500 millones de dólares si el sistema se hubiera aprobado. Contra esta ganancia potencial, los productores y el Gobierno dejaron de percibir 3.500 millones de dólares por no haber podido vender durante los 150 días que duró el paro a los precios más altos de los últimos 15 años.
Ahora, el Gobierno enfrenta un año 2009 con serios riesgos de inestabilidad en su economía interna, ante la fuerte baja proyectada en el ingreso de divisas. Asistimos a un conflicto en el que todos se han visto perjudicados, y se ha perdido la oportunidad de estar mejor preparados para enfrentar la peor crisis financiera internacional en toda su historia. A nivel de productor, la situación tampoco es mejor a la del Gobierno. El sector enfrenta una campaña 2009 en la que el costo de los insumos se fundaron en los precios récord del petróleo, 147 dólares durante julio, y un precio de soja en el FOB Golfo que llegó a superar los 600 dólares la tonelada. Hoy, el petróleo tocó el mínimo del último año (75 dólares) mientras que la soja sigue en el tobogán y ya esta cotizando en 330 dólares en el FOB Golfo. Si llevamos el precio al mercado local, la soja disponible cotiza a 220 dólares. Con estos precios, el negocio no cierra y pone en riesgo a las regiones del NEA y NOA y aquellos productores que han pagado los mismos arrendamientos que el año anterior.
La combinación de altos costos de producción y fuerte baja en el precio de las materias primas ha originado un aumento de los rindes de indiferencia, el mínimo necesario para cubrir costos de producción, que ya superan a los requeridos en la salida de la convertibilidad.
Hoy, aquellos productores con campo propio podrán tener un menor ingreso neto, pero al menos no deberán enfrentar una situación de quebranto como la que podrían enfrentar los productores que arriendan.
Así como la soja de 600 dólares era una fantasía, producto de la especulación financiera y la abultada liquidez de los fondos de inversión inmobiliario, el actual precio de la soja en Chicago también es una fantasía debido a que la demanda mundial de alimentos no se ha reducido abruptamente como para justificar esta baja sufrida en los mercado agrícolas.
Lo que ha sucedido es que debido a la crisis, el mundo se ha quedado sin efectivo y sin crédito. Hay una caída real en el flujo del dinero en todo el sistema bancario y financiero que ha provocado una baja artificial en el precio de las commodities; así como también produjo una caída en las acciones de las empresas cuyo valor, en muchos casos, se encuentra por debajo del precio real de sus activos.
En base a este simple análisis se puede concluir que el mundo no puede resistir el actual nivel de las acciones ni de los precios agrícolas. Para el corto plazo es posible esperar una lenta recuperación de las commodities, en la medida de que crisis financiera se estabilice. De la misma forma que es posible esperar una baja en el precio de los insumos relacionados al petróleo si el barril sigue en los actuales niveles.
Pablo Adreani