Región: REG-12
Las cosas en claro

Pese a las recientes declaraciones de la Presidenta de la Nación respecto a que la crisis mundial no afectaría a nuestro país, los hechos parecen volver a chocar con su dureza incontrastable contra el mundo de fantasía que el matrimonio presidencial insiste en construir.

Se dijo que a partir de ahora, todos seríamos un poco más pobres, independientemente de nuestro grado de relación con el mundo financiero. Es que el estancamiento de la rueda mundial lastima también a un país que, según su conducción política, estaba al margen de los "vicios" del sistema neoliberal global.

Cristina Fernández tuvo la osadía de criticar en Nueva York a quien creía eran los responsables del descalabro, olvidando que en el frente interno cada vez son más las cuentas pendientes por resolver. Si en un principio creyeron que la Argentina resistía en base a la solidez de un país económicamente independiente y sólido, tuvieron que terminar asumiendo que los efectos de la crisis global llegaron para quedarse, anclados aún más en nuestras propias ineficiencias como país.

Esta semana, los empresarios se comprometieron a intentar contener la recesión sin la necesidad de despedir personal, pero sin ningún compromiso escrito que avale tal decisión.

El campo, conciente de la dureza del contexto, también bajó los decibeles del reclamo y sigue reforzando el camino del diálogo, apostando a Cheppi como un interlocutor que parece venir ganándole la pulseada a Guillermo Moreno, tal como lo evidencia la asignación de la Cuota Hilton con los mismos parámetros requeridos por el sector.

Sin embargo, el camino adoptado por los productores lecheros de las Mesas de Santa Fe, Córdoba y La Pampa parece obstruir la solidez de la Comisión de Enlace como sujeto negociador con el Gobierno. La prórroga del acuerdo suscripto con Moreno, en este caso por $1 tranqueras adentro, arrastra los vicios del pacto anterior (el que todavía sigue sin cobrarse), y refleja la continuidad del diálogo de sordos entablado por los sectores en pugna, en donde la falta de sentido común parece ser la norma obligada.

Los pequeños industriales dicen no poder pagar el precio, y las Mesas de Productores de las otras provincias lo denuncian como una entrega. Moreno, teléfono en mano, aprovecha esta falta de unión para meter presión y forzar un convenio. Según expresaron algunos industriales consultados, el "apriete" obligaba a firmar el acuerdo sí o sí, sin importar que luego el mismo no se pueda cumplir.

La incertidumbre esta vez llega al momento de la siembra, cuando muchos productores se vuelcan inexorablemente a la soja, con la esperanza que se detenga la caída del precio o que, finalmente, los Kirchner se decidan a eliminar las retenciones para que el campo pueda volver a transformarse en uno de los puntales que sustenten la recuperación del país, tal como lo hizo en el 2.001. La realidad obliga a poner, ahora sí, las cosas en claro.