De la Redacción de El Litoral
Raúl y Cintia celebraron su boda el sábado 11 de octubre pero para su sorpresa, al día siguiente comenzaron a recibir llamados telefónicos de familiares y amigos, que lejos de saludarlos por la noche compartida se mostraron preocupados por los efectos del banquete servido.
La fiesta a la que asistieron 120 invitados terminó con al menos 42 de ellos intoxicados, 5 de los cuales debieron ser internados con serios cuadros de gastroenterocolitis. Como consecuencia, el nuevo esposo radicó una denuncia el jueves pasado en la Comisaría 26º de barrio Pompeya. "Me recibieron la denuncia y nos están tomando declaraciones a cada uno de los damnificados" explicó Raúl.
También "nos mandaron al médico policial", dijo, ya que una chica de 15 años pasó varios días internada en el Sanatorio Santa Fe; dos tíos de su esposa fueron a parar al hospital Cullen; otro invitado acabó en el Sanatorio San Jerónimo; y una tía del agasajado debió guardar reposo en una cama del hospital Protomédico.
La pareja de 27 años que contrajo matrimonio diez días atrás había contratado el servicio gastronómico en marzo, con una empresa de la localidad de Laguna Paiva, cuyo nombre se reserva porque el caso recién se está investigando.
Ya la Justicia correccional tomó intervención, al igual que la Agencia Santafesina de Seguridad Alimentaria -ex Bromatología-, dependiente del Ministerio de Salud de la provincia, según confirmaron fuentes oficiales.
El menú servido en el salón de la Sociedad de Quinteros consistió en un plato frío con lengua a la vinagreta, vitel toné y arrollado; el plato principal fue arrollado de pollo con salsa.
"La noche fue bárbara" relató el anfitrión, "pero en las 24 y 48 horas posteriores empezamos a recibir llamados de amigos y familiares para preguntarnos cómo nos sentíamos, porque estaban todos descompuestos, con dolores de cabeza, náuseas y diarrea".
"Entre el domingo y el lunes llegué a recibir 30 llamados", explicó Raúl sin exagerar. Entonces "me empecé a preocupar", porque "mi cuñada, mi papá, mi mamá, mi esposa y yo tuvimos hasta 39º de fiebre".
En ese estado se dirigieron al hospital Iturraspe donde les diagnosticaron "gastroenterocolítis producto de la salmonella, que es una bacteria que está en el pollo, el huevo o su derivados".
Enterado de la situación "el dueño del servicio me llamó dos veces", indicó el afectado, que se lamenta por la desgracia ocurrida y se siente culpable por los inconvenientes generados a sus invitados, muchos de los cuales debieron faltar al trabajo la semana pasada.
Consultado el dueño de la firma involucrada -quien prefirió que por el momento se reservara su identidad-, le dijo a El Litoral que se encuentra muy preocupado por lo sucedido ese fin de semana, puesto que algo similar ocurrió en un cumpleaños de 15 años celebrado en Laguna Paiva, donde estuvo a cargo del servicio.
"Hace 20 años que me dedico a esto y es la primera vez que me ocurre algo igual", se defendió el dueño. Además indicó que "esta mañana me comuniqué con los bioquímicos del Samco de Laguna Paiva y me dijeron que sería un virus que está en el agua y no de la comida".
El empresario desmintió que fuera salmonella lo que provocó el contagio de los comensales en el cumpleaños y la boda, no obstante lo cual puso en manos de los inspectores de Salud el sobrante de la comida servida aquella noche, en especial los pollos y el helado.