Opinión: OPIN-04 El movimiento

Hay en el país de las maravillas una voz capaz de justificar la convertibilidad un día y la flotación administrada al otro, la jubilación privada un día y el sistema de reparto poco después, la causa nacional un día y el liberalismo progresista de inmediato, todo con la apacible impostura de quien profesa la verdad natural.

Estas posiciones que parecen asumir los extremos contrarios son, sin embargo, una misma posición fija que explica la coherencia sistémica. Todo buen ilusionista sabe que puede hipnotizar a su interlocutor con el movimiento pendular; el secreto es -precisamente- que lo que parece movimiento es en realidad un mismo punto fijo.

Sólo basta mirar el reloj de la abuela. Lo que se ve es el péndulo que va de un extremo al otro; pero no es el movimiento lo que define al péndulo, porque de ser así todo movimiento podría calificarse como pendular.

Lo que en verdad hace que el péndulo sea tal es un mismo punto fijo: el de arriba. Desde allí se marca el eje a partir del cual ha de oscilar aquello que lleva el peso del movimiento.

Al péndulo no le interesa sin embargo por qué las esperanzas dan cuerda una y otra vez al mecanismo que alimenta el reloj y hace correr el tiempo. La capacidad de ilusión de quien ve pasar el tiempo no es un problema del ilusionista, sino del ilusionado.

¿Qué pasaría si el viejo reloj dejara de ser percibido?

El péndulo tiene su secreto revelado en su nombre: posee la capacidad de mantener pendiente; del punto fijo al peso que expresa el movimiento hay una varilla; como del ilusionista al ilusionado hay siempre una ilusión.