Escenarios & Sociedad: SOCI-04
HOY FESTIVIDAD EN EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO
Sobre la vida y obra de San Martín de Porres

Martín de Porres nació en Lima, Perú, en la mañana del 9 de septiembre de 1579. El Perú era, en ese tiempo, parte integrante, del gigantesco imperio Hispanoamericano.

Los padres de Martín de Porres fueron Don Juan de Porres, caballero de la Orden Militar de Alcántara, nacido en Burgos (España). Y Ana Velázquez, mulata liberta, originaria de Panamá, nacida más o menos en el año 1560. Sus padres no estaban casados.

El bautismo del niño Martín se realizó el mismo día de su nacimiento, en la Parroquia de S. Sebastián de Lima.

Cuando Martín era aún laico, empezó a actuar en Lima como ayudante de barbero-cirujano. Así se educaba de un modo práctico y lograba una forma de ganar algo de dinero, para costearse su vida. Ya se destacaba como un joven especial. Profundamente cristiano y practicante de la oración, sobre todo en relación a Cristo crucificado.

Entró como donado, en el Convento de N. Señora del Rosario de Lima de la Orden de Santo Domingo. En ese tiempo, las exigencias para el ingreso en las órdenes religiosas eran muy grandes. La condición de mulato que tenía el joven Martín no dejaba de ser un obstáculo. Pero se lo pudo superar con ese ingreso como donado, que importaba una categoría inferior, dentro del ordenamiento dominicano.

Pero en el año 1603, Martín, en base a sus grandes méritos humanos y religiosos, fue admitido a la profesión religiosa con votos solemnes o perpetuos. Así, ingresaba plenamente a la Orden de S. Domingo, aunque no para sacerdote, sino para religioso cooperador, o converso como se decía entonces... siendo destinado a oficios humildes: portero, barbero, barrendero, enfermero. También catequista.

A partir de esa época aparece, en la imagen popular, con su escoba. En verdad, Fr. Martín de Porres brillaba en su humildad y en la gracia, en ese ambiente religioso y sacerdotal. Mientras barría con su escoba, tenía una actividad superior: amaba a Dios y al prójimo, rezaba profundamente, trascendía en el misterio de la Iglesia y de la Orden de S. Domingo.

Con el tiempo, su riqueza espiritual y humana y su fama se fueron acrecentando. Contemplativo luminoso. Penitente que causaba asombro. Con gran capacidad para tratar a las personas de los distintos niveles sociales; aunque ocupado especialmente de los pobres y enfermos, con alimento y remedio natural y sobrenatural. Tenía un gran afán misionero. Vivía muy concretamente en su tiempo y con perspectivas de eternidad.

DONES

Aparecieron en él dones y carisma: bilocación, para estar al mismo tiempo en distintos lugares; por ejemplo, en el convento y en zonas lejanas en actividad misionera. Levitación, levantándose y quedando suspendido en el aire, mientras rezaba. Éxtasis, como si su alma llevada de Dios, se estuviera saliendo del cuerpo, y su inteligencia y voluntad se conformaran y unieran de un modo supremo con el mismo Dios. Cierta espiritualización, para desaparecer y quedar invisible. Agilidad, para superar casi en un instante larguísimas distancias. Penetración de los espíritus, para entender, de modo sobrehumano, a las personas, a sus pensamientos y voluntades. Don de curaciones en su atención a los enfermos. Virtud de lo alto para combatir con el demonio y vencerlo.

Tenía un gran conocimiento de las propiedades curativas de las cosas naturales. El plantar árboles frutales en los campos abiertos, a favor del consumo de los pobres. El haberse negado a matar o alejar a muchos mosquitos que habían crecido en Lima y molestaban a las personas; aduciendo que los mosquitos también habían sido creados por Dios y que necesitaban alimentarse. El haber resucitado, por gratitud, a un perro viejo y muy útil en el tiempo pasado, al que habían sacrificado por haberse tornado ya decadente e inútil. El haber utilizado la sangre de un gallo negro, para curar a un enfermo. El revelar secretos del futuro, para favorecer a personas angustiadas o en aprietos.

Murió en Lima el 3 de noviembre de 1639, conmoviendo a la ciudad y a las poblaciones que se enteraron. Estando muerto, en un momento dado su cuerpo quedó muy rígido, hasta tal punto que no podía ser convenientemente dispuesto; le pidieron que cambiara esa situación, y al poco tiempo, su cuerpo quedó flácido y en aptitud para ser dispuesto de la mejor manera. Su cuerpo muerto despedía un suave y bello olor.

El Papa Gregorio XVI, en 1837, lo declaró beato. El Papa Juan XXIII, lo canonizó, el 6 de mayo de 1962. En 1938, el Capítulo General de los Dominicos lo proclamó, celestial patrono de los Hermanos Cooperadores. Su fiesta litúrgica se celebra, todos los años, el 3 de noviembre.

P. Fr. Marcos Rodolfo González O.P.