Opinión: OPIN-01 Izquierda y derecha en Latinoamérica

Los resultados de las elecciones en Brasil y en Chile han venido a confirmar un dato obvio de la política que a veces los avatares del presente ocultan o disimulan: la derecha existe y, a juzgar por los resultados, goza de buena salud. En la populosa San Pablo como en las principales intendencias de Chile, candidatos liberales o conservadores se han impuesto a la izquierda y habrá que ver si estos resultados no son la antesala de un cambio de tendencia histórica en América Latina.

La noticia da pie a una reflexión sobre las vicisitudes de la política en esta parte del continente. Como es de público dominio, parecería que las opciones populistas de izquierda o centro izquierda en los últimos diez años se han constituido como dominantes. Los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay y el propio Chile, para mencionar sólo algunos casos, parecían confirmar una tendencia que para más de un observador era irreversible.

Sin embargo, en dos de los países cuyos modelos de desarrollo eran los mejor considerados, candidatos de derecha no sólo han logrado triunfos indiscutibles sino que cuentan hacia el futuro con buenas chances para llegar al poder. Sorprende, además, que estos resultados se den en medio de una crisis financiera internacional que para algunos agoreros es la antesala del derrumbe del capitalismo y la señal más evidente de que la balanza se inclinará hacia la izquierda.

Como se podrá apreciar, el laberinto de la historia es más complejo que el simplista esquema binario construido mediante la oposición de izquierda y derecha. Pero además de complejo, suele ser imprevisible y ambiguo, porque para la mayoría de la población lo que importa no son los encuadramientos ideológicos, sino la capacidad de gestión y la honorabilidad de los dirigentes, virtudes que sobrevuelan la tradicional antinomia "derecha-izquierda".

Que la derecha comience a estar presente en el escenario político latinoamericano es un dato interesante para la democracia, ya que vitaliza la competencia política y viabiliza la alternancia. En los países avanzados, este principio no está puesto en discusión porque la rotación en el poder es uno de los rasgos distintivos de la política, pero en América Latina las tradiciones despóticas y populistas han puesto en tela de juicio este valor sociopolítico y en las últimas décadas al dictador bananero le ha sucedido el caudillo populista.

Por el contrario, en las democracias avanzadas la rotación es la constante: al turno socialista le sucede el turno conservador y entre los dos van forjando el itinerario histórico de las naciones. Desde posiciones extremas siempre se negó la compatibilidad entre estas dos corrientes. Los ultras de ambos lados desconocían la legitimidad de su contrario y por ese camino muchos países se precipitaron al caos, la guerra civil y la desintegración nacional. Hoy existen condiciones para pensar en una creativa convivencia entre derecha e izquierda, entre los valores de la libertad y los de la justicia , o entre los intereses de la acumulación y los derechos de la distribución.