Una nueva excelente versión de "Edipo Rey", "Edipo en Colono" y "Antígona", a cargo de Jimena Schere, y publicada por Colihue, ofrece la oportunidad de acercarnos a Sófocles (497-406 antes de Cristo) y comprobar su encanto y su vigencia. Estas tres obras pertenecen a la saga tebana, pero Sófocles la supo trabajar con libertad, permitiéndose transformar las historias legendarias. A diferencia de lo que nos cuenta la "Odisea", por ejemplo, el Edipo de Sófocles se perfora los ojos al conocer que un hombre al que ha matado era su padre y que ha estado unido maritalmente a su madre, mientras en Homero el protagonista sigue reinando en Tebas sin autocastigarse.
Como nos recuerda Schere en la introducción, Sófocles vivió el período de esplendor de la ciudad [Tebas] durante la democracia de Pericles y luego su decadencia. Murió poco antes de la derrota definitiva de Atenas frente a Esparta. Sus obras reflejan las tensiones entre las ideas democráticas y moderadas del círculo de Pericles (en el que Sófocles participó) y los valores aristocráticos tradicionales. Según Rodríguez Adrados, Sófocles propugnaba una "democracia religiosa, con amplios puntos en común con la democracia laica" que elaboraron Pericles y los sofistas.
Estas tres obras han sido reinterpretadas de maneras disímiles y enriquecedoras a través del tiempo. Se sabe cómo Freud recurrió al mito de Edipo para centrar una de sus principales teorías. Schlesinger leyó en la tragedia de Edipo la de la existencia humana, mientras Foucault la interpreta como "la tragedia del poder y del control político". Hegel puntualizó la visión de "Antígona" como un conflicto de tesis y antítesis (el rey Creonte representa el derecho del Estado, mientras la rebelde Antígona, que busca enterrar a su hermano insepulto, el derecho de la familia). Una prueba de la pasión con que han sido leída estas obras es la recreación de la que fueron objetos. Recordemos el "Edipo", de Séneca, la "Antígona", de Anouilh y la "Antígona Vélez", de Leopoldo Marechal