Opinión: OPIN-43
Mesa de café
Obama y la Argentina

Erdosain

José y Abel están eufóricos. Viven la victoria de Obama como una victoria propia y por un momento se han olvidado de sus diferencias políticas. Marcial no comparte la alegría. Según él, Obama es un fraude cultural: se presenta como negro y no lo es; dice ser el portador de un cambio que hasta ahora no se sabe en qué consistirá, y habla de la solidaridad con América Latina pero ya se sabe que los demócratas suelen ser más duros que los republicanos en materia de proteccionismo.

ÄCompartí conmigo que estamos en los umbrales de un nuevo tiempo -le digo-, todo el mundo está contento menos vos.

Marcial mueve la cabeza y sonríe, un gesto típico de él cuando considera que no vale la pena explicar sus puntos de vista porque no lo van a entender. Curiosamente, el otro que está en contra de Obama es Quito, el mozo, para quien es inadmisible que en Estados Unidos llegue un negro a la Casa Blanca.

ÄA mí me gusta que las cosas sean como deben ser -dice con la bandeja en la mano-, que los curas se vistan de curas y hablen en latín -no en lunfardo-, que los hombres se casen con mujeres y no con hombres y que en Estados Unidos haya un presidente blanco, no un negro. Lo demás es comunismo o mala educación.

ÄNo puedo creer lo que estoy escuchando -dice José-, vos Quito en contra de los negros, es como para volverse loco.

Quito lo mira, frunce el ceño como esforzándose por entender lo que José le está diciendo y después se queda callado.

ÄNo te debería extrañar que Quito piense así -le digo cuando el mozo se retira-, en Estados Unidos los votos racistas no provienen mayoritariamente de los ricos, sino de los blancos pobres. No hay nada más resentido y reaccionario que un blanco pobre. De allí salen los resentidos, los militantes del Ku Klux Klan, los que están dispuestos a quemar una cabaña con todos los negros adentro. Quito pertenece a esa clase de gente.

ÄPero con nosotros no es mal tipo, dice Abel.

ÄNo lo es porque está acostumbrado a obedecer a sus superiores; y él cree que nosotros somos más que él. Quito es de los que educaron en la idea que con la gente hay que arrodillarse o pisarle la cabeza. Hay amos o esclavos, nunca iguales. A nosotros nos trata bien porque cree que tenemos plata o porque vivimos en el centro o hablamos con palabras que él no entiende pero considera importantes.

ÄDigamos que culturalmente es un peronista típico, dice Marcial para fastidiarlo a José, que muerde el anzuelo.

ÄYa tenía que meter la cuchara el gorila de siempre -contesta José-, en Estados Unidos apoya a McCain, en la Argentina vota a Carrió o a Macri, pero él le atribuye todas las pestes de la sociedad al peronismo.

ÄEn Estados Unidos los radicales estarían más cerca de los demócratas, dice Abel.

ÄEso depende -contesta José-, si los demócratas están a favor de la intervención del Estado en la economía y el aumento de los impuestos a los más ricos, se parecerían más a los peronistas.

ÄPodemos hacer todas las comparaciones que queramos -digo-, pero nunca perdamos de vista que la realidad de EE.UU. es muy diferente a la nuestra como para pretender reducirla a una simple disputa entre republicanos y demócratas.

ÄA mí Obama me hace acordar al Alfonsín del 1983, señala José.

ÄA mí, al Perón del 1945, replica José.

ÄNo comparto, cierra Marcial.