La intersección de las calles General José de San Martín (habilitada en doble mano de circulación) y Mendoza, más conocida como la esquina de La Cosechera, donde se expendía el tradicional café y los tradicionales lisos (el clásico chopp con vasos de esa característica) o del Polo Norte (prestigioso por los alfajores), era la cita o el lugar de reunión céntrica de la juventud de entonces.
En esos años, el tránsito era atendido por la Policía de La Capital, la que contaba con una Brigada de Tráfico, muy respetada y valorada por la comunidad, donde no existían en esa época tantos sucesos de violencia, asaltos, robos, otros ilícitos y falta de seguridad en los distintos sectores sociales, como lamentablemente ocurre en la actualidad.
El clásico uniforme azul que se aderezaba una media manga superpuesta de color blanco al igual que los guantes y un pequeño bastón del mismo color que servía para orientar el paso direccional.
En esa esquina, tenía su parada el cabo Pérez, más conocido como el "Campeón Varita", quien hacia las delicias a grandes y chicos, manejando en forma espectacular ese pequeño bastón al igual que un malabarista circense.
Al "Campeón Varita" no solamente la gente lo admiraba por su demostración y elegancia sino por el gran sentido de respeto por el peatón. Los deportistas, hombres y mujeres de la cultura, los empleados mercantiles, los portuarios y estudiantes, lo saludaban y aplaudían con afecto por su fervoroso accionar.
En una oportunidad, como lo hacía con frecuencia, el gobernador de la provincia, Dr. Manuel María de Iriondo, acertó pasar en automóvil justo en el momento en que una anciana intentaba cruzar la bocacalle. Visualizando ambas situaciones, el "Campeón Varita" actuó rápidamente, sin hesitar, ni dudar.
El policía, con fuerte y reiterado silbato hizo parar al inconfundible vehículo oficial, de inmediato ayudó a cruzar a la mujer de la llamada hoy de la tercera edad para luego recién dar paso al coche oficial de "Don Manucho", como se lo conocía al mandatario santafesino, valorado por la gente por las obras públicas que embellecían y posibilitaban el crecimiento y desarrollo en favor de la capital del segundo Estado argentino.
El "Correntino" Gómez (padre), el "Macho" Loyarte, el "Chueco" García, el "Flaco" Mors y Gabriel Magán, futbolistas de G. y Esgrima, campeón de 1930 y 1931 que pasaban por el lugar, aplaudieron la ejemplar decisión del policía y lo hicieron con simpatía y humor, destacando el valor y el loable gesto del guardián del orden público.
Cabe destacar finalmente que, varios días después el gobernador de Santa Fe, convocó a su despacho en la Casa Gris y felicitó al cabo Pérez por su resuelta y firme actitud.
Eran otros tiempos de la Santa Fe de ayer, ya que hoy la ciudadanía extraña esa educación de los vecinos y especialmente la necesitan a los ancianos que padecen en estos días por la falta de buenas costumbres y atención de los más jóvenes, al perderse en algunos aspectos la solidaridad y el respeto por la gente grande.