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Laura Osti
El director estadounidense Steven Soderbergh se ha entusiasmado con la figura del Che Guevara y una película no le alcanzó. "Che, el argentino", que recién se estrenó en Santa Fe, es la primera parte de una suerte de biografía cinematográfica que continúa con "Guerrilla", la segunda parte que todavía no llegó aquí, pero que ya está disponible en algunos lugares.
Con guión de Peter Buchman, el relato se basa en los diarios del líder de la Revolución Cubana y trata de mostrar una dimensión humana del mito.
El film comienza con el episodio sucedido en México donde Ernesto (Benicio del Toro) y Fidel Castro (Demián Bichir) se conocen y empiezan a imaginar la revolución, junto a un puñado de cubanos exiliados. Después, el relato se va construyendo mediante saltos temporales que toman como presente imaginario a la visita del Che a Estados Unidos y su recordada intervención en la Asamblea de Naciones Unidas en 1964. Estos fragmentos están resueltos en blanco y negro y con una fotografía de grano grueso, como semejando un documental de época. En tanto que todas las secuencias de la lucha armada en la isla, ubicadas en el pasado, están tratadas con un mayor realismo, en color, y recreando el supuesto clima "doméstico" de la guerrilla y el Movimiento 26 de Julio en Sierra Maestra.
El hilo del relato está dado por una entrevista periodística que le hacen al Che en Estados Unidos, a propósito de su intervención en la ONU, durante la cual, transcurridos algunos años de la Revolución, se pretende hacer un balance de los resultados y de las perspectivas futuras, teniendo en cuenta la realidad del resto del continente americano en ese momento.
Lo que demuestra el film de Soderbergh es un fuerte trabajo de investigación; es evidente que se ha basado en documentación histórica, tanto para el guión cuanto para la construcción del personaje. Hay que destacar la labor de Benicio del Toro, que no es latino y que sin embargo ha logrado asumir el rol de una manera muy profesional, haciéndolo creíble hasta en sus mínimos gestos. Sin embargo, y pese a las intenciones de humanizar al mito, la película no consigue penetrar más allá de la figura histórica, del monumento, del prócer, si se quiere. No obstante, puede ser útil para transmitir a las generaciones más jóvenes una idea aproximada de quién es o quién fue ese barbudo con boina y fumador de puros que aparece en camisetas, afiches, tatuajes y otros productos de un merchandising más bien nostálgico y epidérmico.
A los interesados en la historia y en los fuertes debates ideológicos que la Revolución Cubana ha suscitado a lo largo de la historia, con las figuras del Che y Fidel como sus líderes indiscutidos, seguramente esta película les resultará superficial, esquemática y estereotipada. Pero no hay que olvidar que en aquellos tiempos también se vivía y se pensaba con fuertes esquemas y era difícil escapar de ellos.
Y en todo caso, la intención es mostrar a una figura compleja que asumió diversos roles en su vida: fue médico, combatiente e ideólogo de una pretendida revolución humanitaria y ética que quería liberar a los oprimidos de un sistema violento e injusto. Soderbergh rescata la imagen del "justiciero" del siglo XX que fue capaz de combatir con las armas, la medicina y la oratoria.
En la segunda parte, dicen, se aborda el fracaso de todos esos ideales y su muerte en la selva boliviana. Y no está mal que el cine ayude a revisar algunas cosas, aunque el arte se quede a medio camino.
Ídem. Usa, 2008, hablada en castellano. Dirección: Steven Soderbergh. Guión: Peter Buchman. Interpretación: Benicio del Toro, Franka Potente, Benjamin Bratt, Jordi Moll, Óscar Isaac, Yul Vazquez, Catalina Sandino Moreno, Edgar Ramirez, Demián Bichir, Elvira Mínguez, Jorge Perugorría, Eduard Fernández, Alfredo De Quesada, Óscar Jaenada, Jsu Garcia, Benjamín Benítez, Armando Riesco, Carlos Bardem. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Steven Soderbergh. Duración: 140 min.
Calificación: BUENA