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APOSTILLAS

Lo alquilaron

Desde el mismo instante en que Fernando Verdasco cometió su primera doble falta, el público comenzó a hostigarlo hasta puntos extremos. “Verdasco tiene miedo” cantaba todo el estadio al unísono cada vez que el madrileño se acercaba a servir. En un momento, llegó a sacar en medio de una silbatina ensordecedora, ante la impotencia que mostraba en su rostro el juez francés Pascal Maria, que quedó ronco de pedir a la gente “por favor” que se callara, con su correspondiente “gracias”, por supuesto.

Si copian, es que gusta

En la primera jornada, la nota graciosa fue la calidad de los cánticos que entonaba la parcialidad española. El “a por ellos, olé” fue el más risueño, y cada arenga a sus jugadores era, al menos para los argentinos, muy extraña. Pero en la jornada de sábado, los músicos que llegaron desde el viejo continente (un trompetista y un trombonista) tomaron nota y se aprendieron un par de temas difundidos por los simpatizantes locales. Inclusive comenzaron a lanzar el característico “nooo” luego de que los servicios de Nalbandian o Calleri eran malos. Una picardía interesante.

No sabían qué hacer

A tal punto llegó la preponderancia y el protagonismo alcanzado por el público presente, que en un momento el juez de silla tuvo que pedir a Alberto Mancini que interviniera para que las cosas retornasen a los carriles normales. “Luli”, de pocas palabras y gestos, separó, levantó sus dos manos en señal de tranquilidad y se volvió a sentar. Mucho efecto no logró.

Inclusive, en un momento los cuatro tenistas en cancha debieron pedir por cordura, cada equipo a su hinchada, luego de que la “barra” ibérica protagonizara un exabrupto en pleno partido. Hubo mucha tensión en esta jornada con la gente.

Pedí perdón

La situación que tuvo que vivir Fernando Verdasco durante todo el cotejo fue realmente complicada. Sin embargo, rió último y mejor. Pero durante el duelo protagonizó un momento confuso. Fue cuando en medio de un punto, le quedó la pelotita a media altura y cerca de la red y apuntó directamente hacia el sitio en que se encontraba Nalbandian, también en inmediaciones de la malla divisoria. El unquillense sólo pudo correrse y darse vuelta para evitar el impacto. Cuando volvió a mirar al frente, esperó aunque más no sea una disculpa de su rival, que ya estaba caminando hacia el fondo de la cancha.