Se repite la historia de Rusia, pero peor
España prepara ensalada marítima
A metros de la costa Atlántica, Emilio Sánchez Vicario y compañía dieron vuelta la realidad del comienzo en esta serie final por la Copa Davis, y encaraban la última jornada con todas las expectativas.
Alejandro Galetto
(Enviado especial a Mar del Plata)
Dicen que en el deporte la lógica no tiene demasiada injerencia. Pues bien, en el tenis mucho menos aún. Y lo que ocurrió hasta el sábado en Mar del Plata, donde se desarrolla la final de la edición 2008 de la Copa Davis, lo confirma como nunca.
El capítulo inicial de la historia fue aquel en el que festejó una aldea. Desde la confirmación de la baja de Rafael Nadal hasta que concluyó la paliza que David Nalbandian le propinó a su homónimo Ferrer, todo era a pedir de los dirigidos por Alberto Mancini. Pero tres horas y media después de ese cotejo, la tendencia cambió abruptamente.
Primero, Feliciano López “se cargó” (como dicen los españoles) a Juan Martín del Potro y encendió la preocupación entre los argentinos. Pero lo que ocurrió este sábado, no por previsible, nimio, puso decididamente al conjunto albiceleste al borde de quedarse con las manos vacías. Y aunque lo parezca, no es una exageración.
La misma historia
Como si hubieran fabricado los partidos del segundo y el tercer punto de la serie con el mismo clissé, la representación sudamericana comenzó mejor, dominando con precisión y autoridad, hasta llegar el punto de poder quedarse con el primer parcial. Eso sí, siempre en un marco de paridad inquebrantable.
Los argentinos se mostraron enchufados, concentrados, pero la clave de ese primer set fue el público, que se involucró como nunca antes para empujar a los suyos y desmoralizar a los zurdos vestidos de rojo. En ese contexto, Nalbandian y Calleri supieron aprovechar y sacar ventajas para ponerse arriba en el marcador. Todo era fiesta.
Se desmoronó
El segundo set fue idéntico al anterior, con la única y gran diferencia que lograron los españoles, que en vez de ser quebrados lograron la ventaja. Con el duelo igualado, empezó a aflorar el fantasma de la respuesta física de los argentinos, fundamentalmente de Nalbandian, siempre recordando que el domingo podía ser decisivo.
En el tercer parcial los locales llegaron a estar 1-5. Sin embargo, con mucha garra lograron emparejar hasta forzar el desempate. Precisamente, en el tie break la historia fue totalmente la contraria. Los capitaneados por Mancini llegaron al cambio de lado con el marcador 5-1, pero una serie de errores, combinada con algunos aciertos ibéricos, hicieron que el resultado de la muerte súbita quedara a favor de los visitantes por 7-5. Otra vez desde atrás.
Sufrir más de la cuenta
En la cuarta manga se notó una diferencia anímica. Los argentinos ya no estaban tan compenetrados, tal vez por sentir la presión y el temor de la derrota, mientras los zurdos españoles hicieron gala de una valentía muy importante. Lentamente, el triunfo fue decantando del lado aurirrojo, pero mucho antes de que se decretara el final el encuentro se sabía cuál iba a ser el resultado.
La chapa final fue de 5-7, 7-5, 7-6 (5) y 6-3, Nalbandian sumó 3 horas 20 de partido, se retiró del estadio porque “se sintió mal” y hasta las últimas horas del sábado no se tenía una noción precisa de quién salía a la cancha a intentar estirar las opciones nacionales en el cuarto punto. Todo demasiado cuesta arriba. En la aldea, donde festejaban al inicio del cuento se ven chozas en llamas. ¿Llegarán a tiempo los bomberos?




