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La vigencia de Darwin
Alberto de Luján Castillo
DNI: 6.212.519.
Señores directores: El 1º de julio último se cumplieron 150 años de la presentación por parte de Charles Darwin y Alfred Wallace de un breve resumen de lo que luego se conocería como Teoría de la Evolución Biológica. La realidad era que en 1831 Darwin, a los 22 años de edad, licenciado en Teología, en Matemática Euclideana y en estudios clásicos, salió de Inglaterra como naturalista en un barco de vela, el Beagle, que estaba al mando del capitán Fitzroy, emprendiendo un viaje alrededor del mundo que duró 5 años. A su regreso en 1836, trajo una enorme colección que le llevó años clasificar y analizar, y su famoso “Diario de investigaciones”. En 1837, comenzó una serie de cuadernos que denominó “La transmutación de las especies” . Más tarde escribiría: “Finalmente, encontré una teoría con la que trabajar”. Y fue acumulando datos, dando una visión del proceso evolutivo muy similar a la que brindara su abuelo médico, Erasmus Darwin, en 1809, en forma de poesía titulada “El templo de la naturaleza”, sólo que ahora respaldada por su nieto con las innumerables pruebas materiales que había reunido. A esta teoría hacía ya mucho tiempo que la tenía elaborada y, a pesar de haberlo instado sus amigos científicos Hooker y Lyell a que la publicara, al igual que le pasó a Copérnico, no se atrevía a presentarla, tal vez por miedo a colisionar con alguna de las columnas fundamentales de la Iglesia. Pero en 1858 le llegó una carta de su amigo Alfred Russel Wallace, que contenía una breve pero perfecta exposición de la propia teoría de Darwin sobre la evolución por selección natural, pidiéndole que la evaluara y le ayudara a publicarla. En su mente abnegada y recta, no consideró justo Darwin poner dificultades a Wallace, pero lamentaba profundamente haber retrasado tanto la publicación de sus ideas, acuñadas desde tantos años de trabajo y que con esto perdería su prioridad sobre el tema. Pidió consejo a Lyell y a Hooker, y aceptó su solución: la publicación conjunta, que se hizo en una sesión en la que paradójicamente ninguno de los dos estuvo presente, por distintas razones. Pero esto apresuró a Darwin en la redacción del libro, que escribió en trece meses y tituló “Sobre el origen de las especies”, publicado en 1859.
Hay una teoría religiosa llamada Creacionismo, que sostiene que cada ser vivo proviene de un acto de creación divina, negando la evolución de las especies, que tiene mucho arraigo en EE.UU. y que en la última década ha pretendido mostrarse como una teoría científica llamada Diseño Inteligente que, si bien no se define como creacionista, sostiene que ciertas características del Universo y de los organismos vivos son el resultado de un agente o causa inteligente y no de un proceso libre, inevitable y sin director como la selección natural. Todo esto es irrelevante para la comunidad científica.