Llegan cartas

Hambre y globalización

 

Dr. Héctor C. Salvi.

Señores directores: Existen en el mundo actual alrededor de mil millones de hambrientos y un número mayor de desnutridos. Todo está dado para que en el futuro inmediato ese volumen vergonzoso crezca geométricamente.

Los organismos que analizan mundialmente el problema coinciden en esto pero se limitan a celebrar reuniones en las que los representantes de las naciones poderosas prometen ayuda por montos irrisorios. Prometen, no efectivizan, e invariablemente mantienen políticas que suponen: dependencia cada día mayor del sur respecto al norte, apoyo a las multinacionales de la agroalimentación, apertura sin freno de los mercados, reconversión de millones de hectáreas dedicadas a la producción de alimentos destinados al consumo local, afectándolas a monocultivos de exportación, o peor aún, al cultivo de oleaginosas o cereales destinados a generar biocombustibles. Por ej., en EE.UU., hace un año ya se habían reemplazado 8 millones de hectáreas; dicha superficie dejó de producir alimentos y está dedicada a generar materia prima para combustibles.

Al deliberar en julio pasado en Roma, la llamada Cumbre de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria de la FAO (Org. Para la Alimentación y la Agric. de la ONU) no hizo otra cosa que ratificar el consenso alcanzado entre ONU, Bco. Mundial y el FMI, para imponer políticas económicas y comerciales que fortalecen la dependencia sur-norte y apoyan a las multinacionales que monopolizan el negocio agroalimentario y también el de fertilizantes, herbicidas, semillas, etc. Privilegiar los intereses de los entes nombrados y no las necesidades alimentarias de la población es inmoral, resulta increíble, pero lamentablemente es así.

Esta gravísima crisis no será superada mientras se carezca del control y de la regulación adecuados del mercado y del comercio internacional; mientras no se reconstruyan las economías nacionales; mientras los productores no intervengan activamente en el control de la producción y no tengan garantizado libre acceso a la tierra y al agua; mientras no se quite el manejo de la agricultura a los mal llamados tratados del Libre Comercio de la OMC, es decir, mientras no se destruya la vil especulación con el hambre de nuestros semejantes. El mercado (el libre mercado no existe, como bien saben nuestros productores) no resolverá esta escandalosa situación. No es verdad, como afirma la FAO —en declaraciones de sus máximos representante— que es un problema de oferta y demanda, originado en el mayor consumo producido en países como Brasil, India o China. Actualmente, se producen tres veces más alimentos que hace cincuenta años y la población en igual tiempo se duplicó. No es que falten alimentos, sucede que cada vez son más los seres humanos que no pueden pagarlos.

Los sofistas contemporáneos cargaron de un sentido falso a expresiones como globalización y libre mercado; lo que se globalizó es el hambre y la pobreza. Y el libre mercado no existe.