Esta mañana en barrio San Lorenzo
Reconstruyeron un crimen que involucra a uno de los Jim West
El juez de la causa busca definir si fue un homicidio simple o hubo legítima defensa en la muerte de Maximiliano Acosta. El principal acusado es además un conocido proxeneta de la zona.

Frente a la casa del acusado, la Justicia ordenó medidas para definir su responsabilidad en la muerte del vecino.
Foto: Danilo Chiapello
Juliano Salierno
Esta mañana, el juez de Instrucción Sexta, Carlos Ferrero, visitó las calles de barrio San Lorenzo para realizar la reconstrucción material del crimen de Maximiliano Acosta, cometido la tarde del 8 de noviembre. Un importante operativo de seguridad se montó entre las calles Entre Ríos y Arenales, que es el lugar en el que se sitúan los hechos.
Temprano por la mañana, las fuerzas especiales de la policía comenzaron a alistar sus cosas porque había llegado la orden de que tendrían que trabajar en el límite de los barrios San Lorenzo y El Arenal. Un rato después, el juez Ferrero llegó hasta la sede policial del barrio acompañado de su secretario, Marcelo Fontana; la fiscal Nº 1, Liliana Lauxmann y el personal de su juzgado.
Protegidos por la fuerza de seguridad el magistrado llegó al lugar del crimen, donde lo aguardaban el subjefe de la policía, Carlos Brunet y los principales responsables de Infantería, Tropas de Operaciones Especiales y la Sección Homicidios de la Unidad Regional Uno.
Análisis complejo
También estaba entre los presentes el único detenido por esa muerte, que esposado y escoltado debió representar en persona lo que declaró en Tribunales en su indagatoria. También estaban los familiares de la víctima, que figuran como testigos en el expediente, y un hermanastro del preso.
La intención del juez Ferrero era poder dilucidar con claridad si se trató de un caso de legítima defensa, como argumenta el acusado, o si en cambio fue un homicidio simple, sin escrúpulos y a sangre fría.
Fuentes del caso deslizaron que resulta complejo el análisis de la situación, porque el acusado da una versión de los hechos que no concuerda en nada con la que realizan la madre y la hermana de la víctima, quienes aseguran haber presenciado el momento en que mató a su familiar.
Acosta, de 20 años, recibió un escopetazo en la cara que le alcanzó el cuello y el tórax. Lo trasladaron en la caja de la camioneta de un vecino, pero llegó sin vida al Hospital Cullen.
Reconoció el crimen
Días más tarde, llegó hasta tribunales el sujeto que estaban buscando, que era el conductor de una Land Rover blanca secuestrada por la Justicia. Tiene entre 28 y 30 años y lo apodan el “Gringo”. Contra él pesaba un pedido de captura por el homicidio, por lo que quedó inmediatamente detenido e incomunicado. En el barrio, lo sindican como miembro de una banda de proxenetas y bandidos denominada los Jim West.
Antes de enviarlo a un lugar de encierro, el juez lo mandó revisar por el médico policial, puesto que las heridas que presentaba en pie y manos hacían suponer que también había recibido algún impacto de bala.
La mañana del 20 de noviembre, cuando le tomaron declaración indagatoria, reconoció el crimen; aunque amparado en las heridas constatadas dijo que lo hizo en defensa propia, que no tenía otra alternativa para sobrevivir al ataque al que lo habían sometido.
Otro de los implicados es un hermanastro del “Gringo”, un tal “Pancuca”, quien recibió la falta de mérito por no haber participado del crimen y recuperó la libertad.
Sin embargo, la madre y la hermana de Acosta aseguran que “hubo una pelea entre dos hermanos”, en la que Acosta habría intentado interceder y se llevó la peor parte.
El arma utilizada, una escopeta que podría ser calibre 12, fue arrojada al río según declaró el ejecutante, y se desconoce si pudo ser recuperada para realizar las pericias pertinentes.




