“Plumas de agua” de María Rosa Pfeiffer

Para recuperar el deseo

de disfrutar de la vida

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Roberto Schneider

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Una mujer que ha pasado los 40 decide cambiar el rumbo de su vida en “Plumas de agua”, la obra de la dramaturga María Rosa Pfeiffer estrenada en el Auditorio de ATE. Con esa premisa se revelan, con dosis de humor, las vicisitudes de esa mujer que intenta mostrar que se puede, tal vez porque antes había quedado detenida en su pasado. Ésa es la anécdota. El texto habla de algo más, y puede sostenerse en una representación bastante aguda sobre cierta argentinidad. Los argentinos hemos pasado muchas tragedias y hemos vivido circunstancias muy tremendas; hay momentos en que parecería que estuviéramos congelados. Es una actitud que tiene que ver con el miedo y con un distanciamiento respecto de la realidad para poder sobrevivir.

Así, esa joven mujer decide tomar impulso y, después de un largo sueño, intenta el vuelo. No puede evitar su pasado, cargado de símbolos provenientes del cine, su otra gran pasión. El texto está alejado de lo convencional, y la protagonista transita un largo monólogo donde “conversa” con personajes representativos de distintas tipologías sociales que han construido su pretérito. El hoy la encuentra transitando la decisión, para dejar el dolor en el olvido.

Pfeiffer elabora un texto valioso, sostenido por una protagonista que transita por diversas peripecias y se entrecruza con distintos personajes: la madre, una amiga o su hermano, entre otros, que surgen a partir de la misma teatralidad para dialogar incansablemente.

El espectáculo -dirigido por la misma autora y por Mari Delgado- es austero, con música incidental de Walter Walker bien elegida y un vestuario y escenografía de Osvaldo Pettinari que coadyuvan en el juego propuesto por la dirección. La protagonista es Alejandra Digliodo, que transita la escena con indisimulable entrega. Debe sortear las dificultades de un escenario demasiado amplio para cobijar una propuesta que requiere mayor intimidad y una planta de luces deficiente, pero la actriz es poseedora de una fuerte capacidad expresiva que incluye todos los registros y se impone en la recreación de ese personaje que a las tribulaciones del mero existir opone una decisión con futuro impredecible.

En la totalidad de la obra de Pfeiffer queda la imagen fuerte de una mujer rutinaria que habla con sus interlocutores imaginarios. Siempre a disposición de los demás terminó, con los años, olvidándose de sí misma. Pero cuando todo parece perdido para ese personaje ciertamente melancólico, “la” decisión lo cambia de raíz. Esto sucede cuando se anima a emprender un sueño postergado y correr la maratón Santa Fe-Coronda para, finalmente, recuperar el deseo de disfrutar de la vida. Aunque queda en el espacio una sensación de soledad infinita, de páramo inhabitado. La espera el río, para seguir indagando en el misterio de su existencia y el abismo de sus contradicciones.

Correr en la maratón Santa Fe-Coronda es el eje que atravesará el cuerpo de la protagonista de la obra que puede apreciarse en el Auditorio de ATE.

Foto: Gentileza producción

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EL DATO

Para ver

Las funciones de “Plumas de agua” se realizan los domingos, a las 22, en el Auditorio de ATE, en San Luis 2854.