A 20 AÑOS DE SU MUERTE
Los restos del padre Lucho descansarán en su parroquia
El querido sacerdote murió el 12 de diciembre de 1988. Dos décadas después, ese mismo día, la comunidad del barrio al que dedicó su obra pastoral recibirá sus restos, y les dará sepultura en el lugar donde el cura desarrolló una intensa labor social.
DE LA REDACCIÓN DE EL LITORAL
Tenía sólo 45 años cuando murió. En esa corta vida, dedicó tiempo y esfuerzo a una comunidad parroquial y barrial que hoy, veinte años después, lo recuerda con mucho cariño.
Luis Quiroga, el “padre Lucho” para la gente del lugar, presidió durante una década la parroquia Santa Rosa de Lima, en el barrio homónimo. Entre 1977 y 1987, su labor fue “incansable y fecunda”, según definen quienes lo conocieron.
Su trabajo no fue sólo evangelizador, sino también social. De hecho, son varias las instituciones y vecinos del barrio que se sumaron a la hora de preparar esta serie de actos recordatorios, que se harán el viernes 12 de diciembre, para conmemorar su muerte.
Ese día, a las 18.30 la gente se concentrará en Suipacha y las vías del Puente Negro. Allí, tras la llegada de los restos del sacerdote salesiano (que hasta el momento permanecían en el cementerio municipal), comenzará la procesión por calle Aguado. A las 19.30 se oficiará una misa de cuerpo presente en la parroquia, frente a la plaza. La sepultura tendrá lugar a las 20.30, en el ingreso de la parroquia. Luego habrá un encuentro con la familia del sacerdote, amigos, religiosos, compañeros.
“El padre Lucho vivió con intensidad el carisma de amor y servicio a los jóvenes y niños más humildes legado por San Juan Bosco, fundador de la orden salesiana”, explican desde la parroquia, que hoy está a cargo del presbítero Diego Ferrer.
Las huellas del sacerdote quedaron marcadas en el barrio, en su gente, en sus obras. A veinte años de su muerte, ellos invitan a recordarlo y a rendirle el merecido homenaje.
SECRETOS
“Veinte años después, la gente lo recuerda. Cuando él murió, en Buenos Aires (donde lo habían operado de un tumor), la familia aceptó velarlo aquí. Y se encontró con un “secreto’ que el cura, humildemente, había guardado: la gran obra que había desarrollado en Santa Rosa de Lima” cuenta Silvia Arias, quien conoció al padre Lucho, lo acompañó en los momentos difíciles y fue la encargada de dar la triste noticia a la comunidad del barrio.
“Sus hermanos quedaron muy agradecidos: se dieron cuenta de que había sido feliz”, dice. De hecho, el viernes llegarán desde Mendoza, Santiago del Estero y Buenos Aires, para participar de la ceremonia.
Las enseñanzas del sacerdote permanecen intactas entre la gente: “Trabajó siempre junto a las instituciones, le dio una gran vitalidad a la parroquia y al barrio. No sólo su tarea de evangelización fue importante, sino que se trataba de obras promocionales, de ayuda a la comunidad”, afirma la mujer.
“Él nos comprometía a todos a asumir la realidad que había que transformar. Treinta años atrás, el barrio era muy distinto. Él trabajó por una forma de vida más digna”, recuerda.
A pesar de las carencias, la gente del barrio organizó una colecta para costear la operación. Cuando el padre Lucho murió, los vecinos llenaron la plaza y rezaron en cadena. Las campanas de la iglesia sonaron. Poco tiempo después, la familia del sacerdote devolvió el dinero recaudado, con el fin de destinarlo a las obras iniciadas por el cura.




