TIEMPO DE ADVIENTO
“Tiempo para encontrarnos con el Señor”
Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Cada año la Iglesia nos invita a iniciar el camino de preparación para el nacimiento del Señor, en el llamado tiempo de Adviento. Nuestra mirada se dirige inmediatamente a Navidad, al nacimiento en Belén, sin embargo su presencia, después de la Pascua de su resurrección, permanece con nosotros. Por ello, la actitud de apertura y preparación para el encuentro con el Señor es lo estable en la vida de un cristiano. Dios viene a nosotros, es él quien toma la iniciativa y espera ser recibido. En esto, tan simple de decir, se ubica lo más profundo del diálogo actual entre Dios y el hombre. El Señor siempre está presente y hoy también viene a nosotros, por ello nuestra actitud para descubrirlo y recibirlo es la clave de este encuentro con él.
Ahora bien, ¿cómo llega hoy el Señor a nosotros, dónde lo podemos encontrar? La respuesta nos la ha dado Él mismo, nos dice: “a través de mi Palabra, en la Eucaristía y en el Pobre”. El tiempo del Adviento es, por lo mismo, un tiempo propicio para intensificar nuestra lectura orante de la Biblia, y así encontrarnos con él y dejarnos formar y guiar por él. Acercarnos a la Eucaristía, el sacramento mayor de su presencia entre nosotros, con un corazón bien dispuesto y consciente de lo que recibimos, nos hace participar de su vida y fortalece nuestros vínculos de comunión. Y descubrir su existencia en el rostro sufriente de nuestros hermanos más necesitados. Sabemos dónde él nos espera, porque él nos lo ha dicho, pero para ello, debemos disponer nuestro corazón. Sólo ve y escucha al Señor, aquél que está atento para este encuentro. Esta es la mejor preparación al Adviento.
Mirada de fe
Desde una mirada de fe, que nace de la misma mirada de Jesús, al contemplar con sus ojos y sensibilidad la realidad que nos rodea, los Obispos decíamos, al hablar del camino “hacia un bicentenario en justicia y solidaridad”, que “hoy los excluidos no son solamente explotados, sino que han llegado a ser sobrantes y desechables”. Estamos hablando de personas, no de cosas, sino de hijos de Dios y hermanos nuestros. La gravedad de este juicio nos lleva a concluir que “ante todo queremos reafirmar que nuestro criterio de priorización será siempre la persona humana, que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad. La Iglesia quiere ser servidora de la “dignidad infinita” de cada persona y de todos los seres humanos. Ello nos lleva a contemplar los nuevos rostros de quienes sufren”. Esta mirada de la realidad, también forma parte de un Adviento cristiano.
No dejemos pasar este tiempo de encuentro personal con el Señor, para fortalecer y renovar espiritualmente nuestras vidas y comprometer nuestra solidaridad con nuestros hermanos más débiles. Deseándoles un fecundo camino de Adviento, reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición.




