Una página para “Puesto que soy esa zarza”

Leviatán acaba de publicar en edición bilingüe “Puesto que soy esa zarza”, de Henri Meschonnic (París, 1932) en la traducción de Hugo Savino. Anticipamos aquí la introducción de Savino y algunos poemas del volumen.

Por Hugo Savino

“Se cierran los ojos y el ritmo de una línea trae un párrafo y el ritmo de un párrafo trae un nuevo deslumbramiento”. (Néstor Sánchez).

Cada traducción es un encuentro. La posibilidad de empezar un diálogo. La amistad del pensamiento y del poema. Y el trabajo de la percepción. Que empieza por escucharse. El riesgo mayor pasa por esa entrega que nunca termina, y escuchándonos escuchamos el mundo: “en una vida toda la vida”. Cada traducción, si no es una normalización, trata de que no se desvanezcan el sabor y los colores —lo insinuaba Carlos Mastronardi: “El sabor y el color padecen riesgo” decía en “Cuadernos del vivir y del pensar”. El idisch es uno de los sabores y de los colores de Henri Meschonnic. Con el idisch arranca este libro. Y está el hebreo que aprendió contra el mantenimiento del orden siendo soldado en Argelia. En el poema de Henri Meschonnic el sabor y el color de las palabras se hacen en la boca, en ese “desconocido que somos”, y saltan a líneas, furtivas a veces, que nos buscan indefinidamente. Los poemas de Henri Meschonnic no tienen respuestas. No son de la arrogancia de la poesía. O de la celebración. Hacen preguntas en el poema. Escriben preguntas. Bellísimas. Épicas. Una voz que se inventa. En esta travesía donde “la falta de palabras es nuestro / despertar”. Ir trayendo a Henri Meschonnic, poco a poco, sus poemas, la emoción de sus poemas. Dejar que sus poemas afecten nuestra pulsación. Los poemas de Henri Meschonnic no son acumulación de conocimientos, frustran lo anecdótico y tensan lo que se pierde con la posibilidad de la invención y del encuentro. Cada poema es la escritura renovada de una vida. “Puesto que soy esa zarza” nos abre a lo inesperado, a lo que encontramos mañana y a lo que vamos a encontrar ayer. El poema contra la solemnidad reinante de la poesía. Esa aburrida caja de anécdotas sentimentales. Contra ese adormecimiento de la celebración. Por una escucha de las resonancias.

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“Lepanto”, ciclo pictórico, de Cy Twombly.

Poemas de Henri Meschonnic

vemos la vida

no con

los ojos solamente

vemos la vida

con todo

el cuerpo tenemos

ojos en todas partes sin saber

la vemos en todos los sentidos

la zancamos la juvenecemos

aliento cortado el corazón en

la cabeza

vemos la vida

al revés

* * *

el corazón en la mano el corazón

en la boca

corazón que desborda

corazón desplazado desmarcado

es el cuerpo en sus esperas

es esperar

quién es el cuerpo

* * *

hay lugares que están más llenos de espera

que otros

cabezas

más llenas

de un fuego

del tiempo que otras es una

historia que camina mientras duerme

he recibido un talismán

desde el otro lado de la espera

duermo el tiempo

desde que

ardo sin

consumirme

puesto que soy esa zarza

* * *

hoy esperaba

demasiado

pero no vino nadie

* * *

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