ENTREVISTA AL MÚSICO GUSTAVO NARDI

“Siempre sentí vocación de

volver para involucrarme”

Violoncellista de prestigio y trayectoria, vivió en España 19 años y hace tres regresó a la ciudad. Se inició en la música a los tres años, de la mano de sus padres, en el marco de la recordada “Familia Nardi”.

Estanislao Giménez Corte

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Ocasionalmente, puede resultar un interesante ejercicio el de la conversación casi casual entre dos personas, aun reconociendo el pacto tácito de la vinculación periodista/entrevistador, pero sin necesidad de elaborar un cuestionario de base. Tal cosa, más por imperio de las circunstancias que por decisión premeditada, ocurrió la semana pasada. Que es músico, que toca el cello, que giró durante diez años por Latinoamérica con su familia eran, apenas, datos de rigor. Lo demás, pensé, surgirá. Siempre es interesante conversar con un músico, acaso porque en este que firma anida una suerte de latente envidia o admiración hacia los hombres y las mujeres que le extraen maravillas a los trastos de madera que portan.

Gustavo Nardi (45), de regreso a la ciudad tras casi veinte años en el exterior, se toma su propia historia con humor y cierta ironía: “Independientemente de los resultados -dice- y del camino que tomé, la inclinación (musical) estaba marcada”. Así comenzó el diálogo que nos entretuvo durante poco menos de una hora.

UNA FAMILIA MUY NORMAL

—¿Hasta qué punto fue bueno y en qué te podría haber perjudicado esa influencia familiar o ese comienzo tan precoz?

—Bueno, esta es una carrera que requiere mucha constancia y orden, entonces, es casi un milagro encontrar un chico de 8, 10 ó 14 años, y hacia la adolescencia es cada vez peor, que mantenga esa dedicación (...) siempre un apoyo y una exigencia familiar hacen que los resultados, por lo menos en lo musical, sean buenos...

—¿Tuviste etapas en donde estabas harto de esa exigencia e inclusive de la música?

—Si claro, en la adolescencia, sumada la típica rebeldía a la autoridad paterna, también estaba la cuestión musical; e incluso coincidíamos en los centros de enseñanza con mi padre (Héctor Nardi) porque él fue director. A eso sumale que teníamos nuestra propia actividad como la Familia Nardi.

—¿Hasta qué año siguieron con esa propuesta?

—Como grupo trabajamos del “70 al “80, yo ese año tenía 17 años. El último show fue en Córdoba y ya cada uno estaba tomando su camino. Después de todos esos vaivenes, llegó el momento, quizás de mi madurez, en que reconocí finalmente a mi padre...

VIDA DE NÓMADA

—¿Cómo y a qué edad decidís qué instrumento estudiar y a qué música dedicarte?

—La primera disyuntiva que tuve fue entre la Veterinaria y la música. Una vez resuelto eso, yo ya venía con el violoncello desde los 12 años, y como solución y corte a toda esa vida y a esa etapa, rendí el concurso en la Sinfónica de Córdoba, a los 18, y empecé a trabajar allí. Estuve seis meses, después rendí en la Filarmónica del Colón y me quedé en Buenos Aires. Desde los 19 años que me fui, nunca más volví a Santa Fe, hasta hace dos años y medio (...) Buenos Aires siempre ha sido la meca de la música, por la cantidad de músicos, solistas y oferta en general que no llega al interior. Para mí fue una experiencia impresionante, tuve un deslumbramiento, y a partir de ahí ya, como cualquier otro músico, la idea era irme a Europa.

—¿Cómo se dio esa posibilidad?

—Evidentemente estaba buscando esa opción, me contacté con un director español (Miguel Ángel Gómez Martínez) y me hice escuchar. Me fui a España en el “86, a Valencia, para trabajar en la Sinfónica. Viajamos por todo Europa y por América, ya que no sólo estaba en la Orquesta, sino que estuve diez años en un grupo de cámara; además, me dediqué a la enseñanza, con mucha incidencia de la música contemporánea.

—¿Por qué decidís volver?

—Bueno, llega un momento en el cual uno empieza a valorar otras cosas. Estuve en Valencia hasta el 2005, allí me permiten cinco años de licencia, pero me quedo definitivamente acá. (...) quería hacer un cambio de vida, porque llegué a un punto de intensidad laboral muy alto, de estrés muy alto, y eso se sumó a que siempre sentí una especie de vocación por volver e involucrarme, para que algunas cosas puedan cambiar. Eso finalmente es lo que estoy haciendo, por eso digo que me siento en paz conmigo...

—¿Una vez aquí, cómo se da el contacto para empezar a trabajar en la Secretaría?

—Cuando decido volver establecí contacto con Damián Rodríguez Kees (secretario de Cultura de la Municipalidad) (...) veía en España tanta abundancia, que mi crisis también fue por ese lado. Para los chicos de allá era un pasatiempo, un hobbie. Vi que muchos de ellos no terminaban de valorar la posibilidad que tenían; y yo siempre tuve en cuenta la capacidad de salir adelante de los argentinos. Entonces hice un primer intento en Neuquén, en donde estuve unos pocos meses, y le propuse algo similar a Damián. Así arrancamos: y creamos el programa SOS música, cuyo objetivo es llevar los instrumentos a cada distrito de la ciudad. Por suerte, está funcionando muy bien. Estoy sorprendido por la respuesta de los chicos, creo que llegué al lugar adecuado en el momento adecuado.

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“Adoro mi profesión, la tomo como eso, le dedico y la disfruto, pero no como una obsesión; para mucha gente es una condena”, opina Nardi. Aquí en un taller de violín realizado este año, en la Escuela José Gálvez.

Foto: Archivo El Litoral