Al margen de la crónica

Volvió el “déme dos”

En los noventa, una enorme cantidad de argentinos pudo -y lo hizo- recorrer el mundo. Al placer de conocer otros paisajes y culturas se sumaba el de comprar casi compulsivamente. Todo lo atractivo resultaba, además, barato. Porque entonces un peso tenía el mismo valor que un dólar. A la distancia, es loco pensar que eso pudo ser cierto ¿no?

Pero ahora el “déme dos” viene desde otra vertiente. Por un decreto del gobierno, los empleados públicos de la Nación, transformarán la Navidad y el año nuevo en un feriado largo. Es así que podrán sumar a los agotadores 24 y 31, que caen miércoles; jueves, viernes, sábado y domingo una especie de Pascueta festiva. Y, aunque por ahora sólo gozarían de ese privilegio los empleados públicos, la historia señala que luego el “premio” se transmite a las demás actividades.

El argumento de los expertos en producción y economía que manejan nuestro destino, es que es una excelente oportunidad para engordar nuestras escuálidas arcas con las divisas que aportará el turismo. Uno imagina que debe haber un plan de negocios, o como se lo denomine en el ámbito de lo público, que asegure que, las ganancias que dejan los miles de ciudadanos que se toman esas minivacaciones, superan a la paralización del resto de la economía.

Seguramente, las pérdidas de los quioscos, las boutiques, las peluquerías, los supermercados, las fábricas, los bancos, y todos los que hacen desde la cotidianeidad que la economía funcione, se compensará holgadamente con las ganancias que dejarán muchos turistas durante cinco días de vacaciones. Mientras, otros servicios que no pueden dejar de darse, o cadenas de producción que no se pueden cortar, deberán abonar a sus empleados jornada doble. Locuras juveniles, locuras demagógicas; pero hechas por los mismos que declaran hasta el hartazgo que hay que forzar la producción, multiplicar las ventas e incentivar el trabajo.

Por eso debemos creer que el balance positivo viene desde los que manejan la macroeconomía y entonces podremos confiar en esa movida -o parálisis- será para mejor.

Si es un ejercicio de prueba y error, y los resultados fuesen menores a los esperados, podríamos sugerir, para el próximo año, que los feriados sean antes del 24 y 31, así las amas de casa, que además trabajan, tendrían la posibilidad de no volverse locas haciendo malabares previos a las dos noches que requieren de mucho esfuerzo extra.

Hagamos llegar esa idea a nuestros legisladores, a ellos que fueron elegidos justamente para que piensen en mejorar la vida de la sociedad, para que no haya pobres, para que consigan que todos puedan ser educados y confíen en buenos planes de salud. Ellos son lo que nosotros somos y por eso nos representan, seguramente estudiarán a conciencia, como esta vez, las razones de una nueva propuesta.