EDITORIAL

Plan Estratégico para el Estado

El gobernador Hermes Binner coronó su primer año de gobierno en la provincia, con la presentación de un voluminoso Plan Estratégico, concebido a lo largo de una sucesión de asambleas ciudadanas, con un criterio integrativo y de participación. No se trata, como aclaró, de un programa de gobierno, sino de un plan de Estado, cuyos lineamientos, colectivamente trazados, conservarán vigencia, según se aspira, en futuras gestiones.

Esta colección de emprendimientos a acometer, proyectos a definir e iniciativas en curso a profundizar tiene el mérito de agrupar con pretensiones de integralidad y coherencia, las inquietudes compartidas por los distintos estamentos de la comunidad y de comprometer al poder político en el impulso, desarrollo y ejecución de las medidas necesarias. Todo esto, con la continuidad del involucramiento de la sociedad, a través de micro-estructuras con capacidad de seguimiento y control.

El Plan Estratégico, cuyos postulados constan por escrito en un tomo impreso, organiza sus contenidos por materia, bajo los acápites de Territorio Integrado, Calidad Social y Economía del Desarrollo; rubros que abarcan todos los aspectos en que ha de canalizarse la actividad pública, en función del interés común.

Montado en el esquema de regionalización del territorio en cinco nodos, el trabajo avanza en el diagnóstico de las realidades y necesidades de cada uno de esos núcleos, y busca conjugarlos en una noción de “provincia integrada y solidaria”.

El segundo nivel del Plan constituye una “visión” consistente principalmente en una amplia declaración de principios y expectativas, que opera como principio rector y horizonte de los cursos de acción, en marcha o previstos. En este sentido, resulta un desarrollo no sólo ampliamente compartido, sino imprescindible.

En todo caso, lo que parece haber quedado por debajo de lo esperado, es el menú de programas y proyectos. Aquí también es destacable la amplitud y abarcatividad de la lista, capaz de articular infraestructura de transporte, calidad ambiental, descentralización administrativa, integración regional, salud preventiva, promisión de educación y cultura, seguridad vial y comunitaria, acceso al agua potable, inclusión social a través de la vivienda, fomento a las cadenas de valor, integración de producción y tecnología, gestión de la energía, y establecimiento de redes asociativas público-privadas. Pero no se advierten aún diseños o propuestas específicas y concretas novedosas, si bien no sería justo ignorar que algunas de ellas ya están en marcha, como la construcción del nuevo Hospital Iturraspe, o los espacios físicos para la Justicia Penal.

Entre la expresión de deseos y las concreciones, entonces, cabe rescatar el criterio orgánico e integral, y el modelo participativo. Pero la posibilidad de evaluar la efectividad del Plan depende de muchos factores que todavía están en una fase demasiado prematura. Y que, transcurrida una cuarta parte del mandato del actual gobernador, deberán mostrar resultados en plazos compatibles con la necesidad de preservar el apoyo y la confianza que la iniciativa hasta ahora ha cosechado.