Edición del Sábado 10 de enero de 2009

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Al humor hay que tomarlo en serio - Edición Impresa - Opinión Opinión

Al margen de la crónica

Al humor hay que tomarlo en serio

Los filósofos callejeros dicen que la vida es corta, entonces qué mejor que pasarla bien todo el tiempo que dure. Y esa premisa debería extenderse a todo lo que hagamos cotidianamente. Norman Cousins, en 1979, fue precursor con su publicación “Anatomía de una enfermedad”, en argumentar sobre la relación positiva entre humor y salud.

Según el profesor Lee Berk, de la Universidad de California, “el humor sirve como válvula interna de seguridad que permite liberar tensiones, disipar preocupaciones y relajarnos”.

Diversión y trabajo, según los norteamericanos, son una dupla sublime; tanto que miles de sus empresas más importantes integran al humor en sus programas de formación y capacitación. Para ellos, potenciar el sentido del humor en una organización, proporciona una ventaja competitiva muy solvente.

Aducen que, un ambiente distendido en los lugares de trabajo, atrae y retiene los mejores recursos humanos, potencia la capacidad productiva, fortalece la motivación colectiva e individual, optimiza la comunicación interna y forma equipos laborales muy cohesionados.

La idea del trabajo duro y gris, según especialistas españoles, pertenece a la prehistoria; sólo mitos, inseguridades y temores hacen que todavía algunos la mantengan vigente. El respeto de los empleados hacia los jefes de equipo no se consigue con temor, todo lo contrario. El sentido del humor siempre fue un buen aliado de empresarios, políticos, comunicadores y profesionales y muchos son los ejemplos donde las posibilidades de fracaso de cualquier emprendimiento se minimizan sólo poniendo en práctica reglas básicas de convivencia y buen trato.

Las palabras adquieren diferentes sentidos de acuerdo a la forma en que son expresadas. ¿A quién no le gusta que lo atiendan, escuchen o sugieran con un tono amigable? Crear un ambiente agradable en el trabajo o en la casa no es tarea fácil, pero es un desafío interesante probar cómo cambian las conductas ajenas a partir de generar espacios amables donde cohabitar y gestar formas atractivas de emprender tareas conjuntas. Aun si la razón supera al impulso y descree de esta propuesta, una bibliografía enorme respalda la teoría de que una sonrisa derriba murallas más rápido que la dinamita.



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