La primera protesta del 2009
“ Así nos fundimos ”
La primera protesta del 2009
“ Así nos fundimos ”
Es lo que plantearon los tamberos que se autoconvocaron para bloquear la planta de SanCor en Sunchales. Dicen que trabajan por debajo de sus costos. Analizan más medidas de protesta.

Gastón Neffen
Enviado especial a Sunchales
Sunchales, miércoles 14 de enero, a las 13. Los tamberos autoconvocados hacen una última asamblea antes de levantar el bloqueo de la planta de SanCor. Quieren decidir cómo van a seguir protestando y consideran dos mociones.
La primera es movilizarse a los supermercados de Santa Fe, “para que la gente sepa a cuanto vendemos nosotros la leche y a cuanto se la cobran a ellos”, propone un tambero. Esta convencido de que en “la góndola” queda la porción más importante de este negocio.
— Es una buena idea, le contesta otro productor, pero ya no hay tiempo, necesitamos hacer algo más directo.
— Hay que tirar la leche, no hay otra, concluye otro tambero. El resto coincide pero se miran todos preocupados. Saben que esto implicar tensar la soga al límite. Lo quieren proponer igual en la próxima asamblea de la mesa de productores lecheros.
Cuando se están yendo, arriba de la camioneta, un grupo le confiesa a Campolitoral: “No nos queda otra, si seguimos así nos fundimos, que querés que hagamos”.
Para cualquier tambero es una medida extrema. No hay que olvidar que se levantan todos los días a las 4.30 para ordeñar las vacas, que invierten en alimentarlas, en mejorar la genética y en hacer más eficiente la infraestructura del tambo.
¿Por qué tirar todo ese esfuerzo? Ellos sienten que es la única manera de que los escuchen y los tomen en serio, aunque se exponen a ser demonizados ante la opinión pública (“con la leche no se jode”, “vamos a defender la mesa de los argentinos”) porque la leche es un producto de primera necesidad.
La historia reciente no colabora para que sean más moderados. Es que el 2008 lo comenzaron de esta misma forma y todavía no logran que se cumpla el acuerdo que firmaron con las industrias lácteas en octubre y que avaló la presidenta Cristina Kirchner (1 peso el litro de leche fluida).
“Yo estuve ahí, firmé el acuerdo y le di un beso a Cristina”, reconoció uno de los tamberos, que además es un reconocido cabañero. El miércoles era uno de los productores que se preguntaba cómo encauzar una protesta que parece no tener fin.
Los números
Los productores trajeron sus liquidaciones y se las muestran a todos. Dario Zbrun (de Villa San José) saca una planilla en la que se puede comprobar que le pagaron 0,87 centavos en octubre, 0,82 en noviembre y sólo 0,73 en diciembre.
“Mi costo promedio es de 0,95 más sequía”, calculó Eduardo Bogardi de Esperanza a pedido de Campolitoral. Ante la misma pregunta, Javier Imoberdorf sacó su celular y llamó al contador. “En noviembre nos quedaron 4.000 pesos de ganancia para repartir con mi papá y mi hermano”, precisó.
En representación de los tamberos, Agustín Müller, Mario Neffen y Marcelo Dándolo habían ingresado a la planta de SanCor para preguntar porque no se cumplía el acuerdo.“La empresa dice que está pagando todo lo que puede, es decir entre 0,76 centavos y un peso”, comentaron al salir de la reunión y abrieron el debate para consensuar los próximos pasos de esta protesta.
Müller les dijo a los tamberos que la única forma de encontrar una salida es concretar un paro nacional del sector lechero. “Es lo que tenemos que hacer porque en seis meses no queda ninguno de los que estamos acá”, advirtió.
Neffen destacó que los precios que reciben los tamberos los llevan al quebranto. “Se nos derrumban y se nos caen los productores. No tenemos vocación de piqueteros, estamos acá por necesidad y desesperación”.
Saber que no se puede
En Sunchales había tamberos que se sentían profundamente decepcionados. “Estoy orgulloso de todo lo que aprendí en estos años, nunca fui tan eficiente, mejoramos muchísimo con mi familia y ahora producimos 3.000 litros de leche por día, pero igual no alcanza”, contó Imoberdorf.
A su lado, Zbrun está convencido de que es una especie en extinción: “Yo soy la última generación de productores. Mi abuelo y mi padre fueron tamberos, pero quiero que mis hijos se vayan a la ciudad y estudien otra cosa, no quiero que se pasen la vida protestando por nada”.
Muchos tamberos se achican todo lo que pueden para reducir el impacto de este escenario. Le dan menos forrajes concentrados a sus vacas, no invierten en genética ni fertilizan adecuadamente sus campos y sólo conservan la cantidad mínima de personal.
“Pero sabemos que achicarse no sirve, te hace menos eficiente y al final terminás aumentando los costos”, argumentó Abel Zenclussen, que produce más de 6.000 litros de leche diarios en Villa San José. “Me da bronca porque te obligan a trabajar mal por la falta de rentabilidad”, concluyó Zbrun.

El balance. Mario Neffen (izq.), Agustín Müller y Marcelo Dándolo hablan con los tamberos luego de la reunión con los directivos de SanCor.
Foto: Juan Manuel Fernández

Autoconvocados. Edel Zbrun (izq.), Abel Zenclussen y Dario Zbrun son tamberos de Villa San José. Se movilizaron a Sunchales pare reclamar que se cumpla el acuerdo.
Foto: Juan Manuel Fernández
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en relación
Juan Manuel Fernández
“No se cómo seguir manejando esto; les pedimos que opinen ustedes”. Pocos minutos antes, el orador, junto a otros dos tamberos autoconvocados, había estado reunido con los máximos directivos de SanCor. Parado sobre la caja de una chata que hizo las veces de escenario, le hablaba a los colegas que habían estado esperando el resultado del encuentro, mientras impedían la entrada y salida de productos lácteos de la usina.
La expresión del improvisado líder denota la desesperación del voluntarioso que, ante una situación crítica, se propone tomar cartas en el asunto pero —incluso ya en el terreno— descubre que no sabe cómo, porque nunca antes lo hizo.
Los tamberos no son diferentes del resto de los argentinos, sean obreros, profesionales, empresarios, comerciantes o amas de casa. Todos cometemos el mismo pecado de omisión: nos despreocupamos de las responsabilidades y obligaciones civiles, entre ellas la de participar en la actividad gremial o política (aunque mas no sea comprometiendo nuestra conciencia, nuestra presencia o simplemente el voto), para cederle el espacio a terceros, a quienes luego ni siquiera nos interesa controlar. Esa pasividad es la que se rompe cuando el libre albedrío —de unos y otros— desemboca en una de las ya características y cíclicas crisis en la Argentina.
Durante 10 años de menemismo la mayoría se miró el ombligo (o mejor sería decir el bolsillo) hasta que en 2001 pedimos “que se vayan todos” y se formaron las asambleas ciudadanas; pero el detonante había sido puramente económico (antes del corralito todos protestábamos pero nadie hacía nada), así que ni bien se recompusieron los números del país ese activismo político quedó en el olvido.
A los tamberos les pasó algo parecido. A principios de 2002, con la devaluación ya vigente, cobraban como mucho $0.14 por litro de leche y la actividad se hacía insostenible. La desesperación los impulsó a tomar medidas drásticas, que sin embargo ahora resultan familiares: bloquear a las industrias. Del atolladero se salió con una recomposición del precio de la materia prima y con la conformación de la (quizás ya olvidada) Mesa de San Francisco, que integraron tamberos, industriales y técnicos de la Nación y las provincias con el objetivo de “ordenar la lechería” argentina.
Desde entonces, y hasta la grosera intervención del gobierno kirchnerista a partir de 2005, sólo una minoría de productores se preocupó por cuidar los intereses del sector. Ellos se pasaron años tratando de avanzar en la determinación de una leche de referencia, un sistema de liquidación única o la implementación de laboratorios arbitrales. Hasta que la coyuntura los llevó a otro terreno: el de las negociaciones con el impresentable Guillermo Moreno. Así, equivocados o no, firmaron todo tipo de acuerdos y convenios, incluido el último, cuyo incumplimiento ahora impulsa nuevamente los bloqueos.
Los autoconvocados están desesperados con razón. Si los problemas que dicen tener no fueran tales no hubieran asistido 700 tamberos a la última asamblea de Meprolsafe en Nuevo Torino, donde se escuchó a muchos pedir una sola lucha, unificada, incluso con la Mesa de Enlace. A la luz de los hechos, de aquí en adelante será necesario un compromiso mayor de cada uno para ganar fuerza y sostener al conjunto. De lo contrario, y aún superando la actual coyuntura, cuando llegue (inexorablemente) la próxima crisis habrá muchos menos tamberos para tapar los portones de la industria.

Al límite. Los tamberos creen que la metodología de bloquear las plantas está agotada y proponen medidas más fuertes.
Foto: Juan Manuel Fernández