Recorriendo el Norte
El arte de vivir sin cobrar un peso
Recorriendo el Norte
El arte de vivir sin cobrar un peso
Eusebio Suárez es empleado permanente del Ingenio Las Toscas y, como otros 22 compañeros en la misma situación, no cobra su sueldo desde septiembre de 2008. Tiene esposa y seis hijos.

Eusebio “Chaíto” Suárez, uno de los 23 empleados permanentes del Ingenio. Con seis hijos, hace cuatro meses que no cobra.
Foto: José Caputto
Néstor Fenoglio
Las Toscas- Enviado especial
Tiene el rostro y las manos duras, cierto cansancio y las señales de haber vivido mucho. Está a la sombra de su casa de material, “en cueros” y entra a la vivienda para ponerse una remera. De allí, entran y salen un número impreciso de chicos de diferentes edades (luego explicaría: “mi familia son seis hijos -dos de ellos son mujeres y están casadas- mi mujer y yo). Tiene 54 años y se llama Eusebio Suárez, aunque la referencia para llegar a su casa, en Pueblo Nuevo, barrio de Las Toscas, es su apodo: “Chaíto”, para todo el mundo y eso es suficiente. Es uno de los pocos empleados permanentes del Ingenio Las Toscas y conoció sus diferentes etapas y dueños, varias promesas incumplidas, sueldos resignados y demás...
Habla pausado y admite, desde el vamos, que la situación del trabajador efectivo es muy diferente a la del contratado. “El temporario una vez que termina la zafra tiene la posibilidad de trabajar en otro lado, en cambio el trabajador permanente debe quedarse en el ingenio”.
“Nosotros no cobramos septiembre, octubre, noviembre y diciembre y yo le pregunto a cualquiera: ¿cómo hacés para vivir durante cuatro meses sin cobrar?”
Tras las movilizaciones y los cortes de ruta, Chaíto dice que el gobierno provincial le mandó planes a los obreros temporarios. “Nosotros no podemos recibir planes porque estamos en planta permanente y ése es nuestro problema. Somos 23 obreros fijos en el ingenio que estamos en esta situación”.
Sobrevivir sin cobrar es muy difícil, porque depende de los demás. “Me conocen de toda la vida y algunos me fían. A veces hago alguna changa -soy albañil- y pago en los locales que me dan mercadería.”
También admite que recibió algo de ayuda, al igual que otros empleados, del gobierno municipal, en 2 o 3 oportunidades. “Pero el problema de fondo está y no sé hasta cuándo puede prolongarse esta situación”.
Chaíto dice que Villa Ocampo y Las Toscas conforman una zona que ha quedado muy golpeada por la sequía, por la última zafra en que los patrones se fueron sin pagar, y por los despidos en la curtiembre.
“Cuando la situación se puso “pesada”, cuando nos dimos cuenta a partir del segundo semestre del año que la mano venía mal, empezamos a preocuparnos. Caña de azúcar había poca. Sabíamos que no iba a haber ganancias. Pero no pensábamos que se iban a ir de un día para el otro sin pagarle a nadie”.
Chaíto sabe por experiencia que, para la zafra de este año, hay que comenzar a arreglar las máquinas, que son muy viejas y necesitan mantenimiento (y sólo ellos saben cómo hacerlas andar), y ya en febrero o marzo. Y que quizás entonces aparecerá un nuevo inquilino o alguien que comande la zafra. Hasta allí se estira su ilusión de que ese “alguien” impreciso, se ponga al día. Mientras tanto, debe alimentar a su familia todos los días, sin un peso.