Al margen de la crónica

De traviesos a criminales

José Luis Martín es un joven de 19 años que vive en la ciudad de Pinamar, en la costa de la provincia de Buenos Aires. Según dieron a conocer hoy los medios nacionales, días atrás, cuando caminaba rumbo a su trabajo por avenida Bunge recibió desde las alturas un botellazo de cerveza en la cabeza, que lo dejó en coma.

Su hermano José Carlos explicó a medios nacionales que uno de los entretenimientos de los veraneantes más jóvenes de Pinamar consiste justamente en tirar botellas a la gente desde los balcones de los departamentos que alquilan y para divertirse. “El centro de Pinamar es un descontrol”, dijo José Carlos.

Hasta hoy José Luis permanece internado en el hospital Interzonal de Mar del Plata con gravísimas heridas cerebrales; el impacto le provocó hundimiento de cráneo y debió ser intervenido quirúrgicamente.

Tras semejante brutalidad, hay cinco adolescentes cordobeses detenidos sospechados de ser los responsables. De ser ellos quienes arrojaron la botella que le rompió la cabeza a José Luis, se los podría calificar de cobardes, porque luego de la agresión habrían tomado sus pertenencias y “le tiraron las llaves del departamento por abajo de la puerta al encargado del edificio”.

Si bien imbéciles hubo toda la vida y en todos los ámbitos, y los seguirá habiendo, me pregunto en qué momento o bajo qué efectos -si sirve como excusa- una “persona” deja de ser eso para volverse un criminal. ¿Alguien puede arrojar una botella desde las alturas sin pensar que acertaría en quien pasara en ese momento por la vereda?

Es posible que los adolescentes cordobeses detenidos tengan casi la misma edad que José Luis. El entretenimiento de los primeros tal vez le cueste la salud o la vida del agredido. ¿Y los padres?, definitivamente son tan responsables como esos chicos que decidieron impunemente sobre la vida de un par.