La semana nacional

El poder impotente

La amplitud, la profundidad y la dinámica de la crisis mundial son pavorosas. Pero el gobierno argentino insiste con herramientas de juguete y “políticas” de utilería.

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Cristina Fernández de Kirchner, según la mirada de nuestro dibujante.

Sergio Serrichio

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CMI

La recesión se abate sobre el mundo como una plaga producida por el hombre. Cada día, grandes firmas multinacionales anuncian despidos de millares de trabajadores. En una jornada cualquiera, la cuenta arroja decenas de miles, centenares de miles. Las cifras se van sumando. La Organización Mundial del Trabajo (OIT, una agencia de Naciones Unidas) ya estimó en 51 millones la cantidad de personas que este año podrían perder su empleo.

Esos números están sujetos a revisión ascendente. El viernes, por ejemplo, se supo que en el último trimestre de 2008 el PIB de Estados Unidos (que explica aproximadamente un cuarto de la economía mundial) se contrajo 3,8 por ciento, la caída más grande desde la recesión de 1982, récord que podría ser superado este trimestre, el primero de Barack Obama al frente de la Casa Blanca.

En Europa las cosas no son mejores. Lo dicen las cifras de la economía, las cifras de producción y empleo y las notas crediticias (hasta Alemania debió soportar que las desprestigiadas “calificadoras de riesgo” le bajaran la nota). Lo refleja también la debilidad del euro respecto del dólar, termómetro de las expectativas sobre la suerte relativa de estos dos grandes bloques del mundo “desarrollado”.

Tampoco en Asia, ni en la economía más “madura” ni en las más “jóvenes”, la crisis da respiro. En diciembre, la producción industrial de Japón fue 9,6 por ciento inferior a la de noviembre, mes en el que ya había declinado 4,4 por ciento respecto de octubre. En el último trimestre del año pasado, el PBI de Corea del Sur cayó a una tasa anualizada de 21 por ciento. Y el de Singapur, de 17 por ciento. En 2008, las exportaciones de Taiwan cayeron 42 por ciento. Y su producción industrial se encogió 32 por ciento.

En China, hasta hace poco considerada la “nueva locomotora” global, el desempleo urbano aumentó por primera vez en cinco años. El Partido Comunista chino, que este año cumplirá 60 años en el poder, teme que sea sólo el principio de una nueva tendencia. Con el inicio del año lunar, millones de chinos que habían ido de visita a sus aldeas rurales empiezan a volver a las ciudades sin saber si a su regreso conservarán sus empleos. Hace diez días, Pekín anunció, como meta para 2009, mantener la tasa de desocupación urbana por debajo de lo que era en 1980, la más alta de los últimos 29 años.

De cosas que pasan cerca solemos estar más informados. El recuento de algunas que pasan lejos es para constatar la amplitud, la profundidad, la pavorosa dinámica, lo inescapable de la crisis mundial.

No se trata de caer en la desesperanza, en la molicie, en un resignado fatalismo. Pero lo cierto es que frente a fuerzas de tal magnitud es poco lo que pueden hacer la Argentina y América Latina desde la economía inmediata, aquella capaz de responder a las medidas de los gobiernos y a las apelaciones de los gobernantes.

Vivir con lo nuestro

El país y la región, es cierto, tienen la fortuna de contar con una geografía y unos recursos naturales y humanos que los ponen, tal vez como a ninguna otra parte del mundo, más cerca de la posibilidad (técnica, al menos) de “vivir con lo nuestro”.

Pero esa frase, abusada y efectista, oculta más de lo que revela. Tanto la Argentina como América Latina disfrutaron durante el último quinquenio del mayor ritmo de expansión en medio siglo, en gran parte gracias a lo favorable que fueron los vientos globales, ésos que ahora soplan furiosamente en contra. Hacer las cosas de modo diferente, proposición compleja para un individuo, es más que ardua cuando se trata de colectivos de millones y millones de habitantes.

La globalización, con sus redes financieras, productivas y comerciales generó un mundo (económicamente) mucho más integrado, especializado e interdependiente que nunca en la historia. Por eso, el actual trance podría ser incluso más difícil de superar que la Gran Depresión, la misma que prohijó diversas variantes de fascismo y desembocó en la segunda Guerra Mundial.

Ante tan terrible panorama, en el que las herramientas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner parecen de juguete y sus iniciativas “anticrisis” son meras puestas en escena, es imprescindible tener buenas políticas y, especialmente, buena Política, a secas.

Por ejemplo, tener “políticas sociales” y no los opacos planes que maneja la cuñada/hermana Alicia. Tener “política tributaria”, no la suma de viejos tributos y parches y medidas de “emergencia” que vieron la luz durante la crisis de 2001/02 y allí siguen, prorrogadas año a año, como si fueran ejemplares. Tener “servicios públicos”, no limitarse por año a no cambiar nada, porque para qué, y después aumentar las tarifas a lo bruto y de apuro.

Escenario de confrontación

En singular, en “Política”, el panorama es aún más desolador. La Argentina afrontará un año, un bienio, o más, extremadamente difícil en un clima de confrontación permanente, de crispación fomentada, de demonización del adversario y de mentira institucionalizada.

En vez de alertar en serio sobre los riesgos y desafíos que enfrenta el país (que es mucho más que su gobierno), la presidenta insiste en la impostada apología de los supuestos aciertos kirchneristas y cierra la posibilidad de acuerdos institucionales mínimos para defender del mejor modo posible a los más desprotegidos y garantizar las formas republicanas y la democracia. El sistema económico y político internacional está en trance de replanteo, y el gobierno argentino -modestia aparte- se propone como ejemplo a seguir.

Faltan nueve meses para las elecciones legislativas de octubre y todas las energías oficiales están puestas allí. Desde el uso político del drama de la sequía hasta la reconversión de planes de vivienda incumplidos que, sin pudor, se vuelven a prometer como si nada.

Tal vez porque el gobierno no tenga más idea que la preservación de su menguado poder. Un poder vacío e impotente ante una crisis que ignora sus malos simulacros.


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ADEMÁS

Negociación contrarreloj

El diario Clarín en su edición de la fecha señala que el traspaso de un contrato multimillonario con el consorcio europeo Airbus para la compra de aviones a lo largo de los próximos diez años es la salida que negocia en estas horas el gobierno para saldar de manera definitiva su conflicto con el grupo Marsans por la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y Austral.

Cabe señalar que el lunes 9 la presidenta Cristina Kirchner partirá para España y quiere iniciar su próximo viaje a España con ese acuerdo cerrado, que sirva como gesto para relanzar la deteriorada relación bilateral con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Según el matutino porteño, a cambio de ese acuerdo, Marsans retiraría un reclamo contra el Estado argentino ante el Ciadi, el tribunal del Banco Mundial, por la nacionalización de las dos líneas aéreas argentinas.

El precio de ese acuerdo es el dinero que Marsans ya pagó a Airbus a cuenta de la operación. Una cifra que se mide en cientos de millones de dólares.

La Presidenta se entrevistará con el jefe de Gobierno español pero también lo hará con el rey Juan Carlos, amigo personal de los dueños de Marsans, Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz Ferrán. Clarín cita una fuente del gobierno que indicó que todas las negociaciones con Marsans son con la visión puesta en el viaje de Cristina”.

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EL DATO

Minoristas

Las ventas en los comercios minoristas bajaron en enero 12,1 por ciento con respecto de igual mes del último año, informó Came. La entidad precisó que el deterioro ocurrió en todos los productos que componen la oferta minorista, e indicó que se registraron caídas de dos dígitos en rubros como indumentaria, calzado, muebles, inmobiliarias, relojerías, y joyerías.

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la clave

Impacto en el PBI

El impacto de la sequía restaría 1,6 % al crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), previsto para este año de 4 por ciento, debido a la menor producción en los cinco principales cultivos, aunque el perjuicio sería de 2,5 por ciento si se contempla el efecto sobre toda la agroindustria. Los datos surgen de un informe elaborado por el Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina, que remarcó que “esto representa por lo menos el 40 por ciento del crecimiento económico esperado por el gobierno para 2009”.