Al margen de la crónica
Infieles en peligro
Al margen de la crónica
Infieles en peligro
La lealtad es una cualidad que hace honorables a las personas. Su contrario indica una actitud cínica digna de ser condenable. Si bien una enorme mayoría científica sostiene que la monogamia, extendida también hacia las mujeres, es un estado antinatural; quien responsablemente y a sabiendas de eso, compromete su palabra, queda atrapado por su promesa.
Infieles ha habido en todos los tiempos y en ambos sexos. Algunas culturas son permisivas y hasta alentadoras de las “pluriparejas”, pero no es el caso de las occidentales. Nosotros estamos atados a conceptos religiosos o educativos, donde la “trampa” sigue siendo censurable.
Las estadísticas hablan de que un 60 y un 40 % de hombres y mujeres respectivamente, alguna vez en su vida, fue infiel.
Hasta hace unos años, había que estar atentos a salidas fuera de lo común, buscar perfumes no conocidos o manchas de rouge en las camisas. Los más osados cazadores de tramposos recurrían a un detective. Pero los avances también llegaron para facilitar “escapadas” y es así que, por ejemplo, la aparición y la posterior sofisticación de los celulares, simplificaron la tarea de los mentirosos. Más aún, hay ciudades, Buenos Aires es una de ellas, en las que los más atrevidos, por sumas que parten desde los U$S 200 pueden contratar empresas que inventan y sostienen, desde reuniones de algunas horas hasta fines de semana largos con enorme eficiencia; la víctima no dudará de que su pareja: está donde dijo que iría.
Pero, como “hecha la ley, hecha la trampa”, y obviando el juego de palabras; esa misma tecnología ahora les juega en contra. Por la “módica” suma de 3.000 pesos cualquiera puede acceder a un “spyphone”, un dispositivo que permite rastrear mensajes mandados y recibidos. Sólo hace falta tener un celular para intervenir en la privacidad del sospechoso. Igual pasa con las computadoras y, mediante un software espía conocido como SherlockSoft o Spyware, se puede descubrir qué páginas visita el/la atorrante/a, a quiénes dirige sus mails; hasta es capaz de descifrar passwords sin que se note su interferencia.
Sin embargo, a un costo mayor, los farsantes ya pueden disponer de “encriptadores”, versión posmoderna de los cómplices, que pueden, como el las películas de James Bond, escapar de los celulares espías y de los anti-spyware para bloquear la intromisión en correos electrónicos.
Aburrimiento, inseguridad personal, insatisfacción conyugal, son algunos de los argumentos esgrimidos como excusa por los transgresores. A primera vista, ya sea para ocultar o descubrir, todo resulta demasiado caro y complicado; finalmente son elecciones personales. Pero es tranquilizante saber que para una u otra causa, la tecnología sigue pensando para ayudar a “sacarles las papas del fuego”.