La semana política
Trastienda en Olivos y el dilema K
La ingenuidad del intendente riojano dejó al desnudo la anomalía institucional de un gobierno que, entre la caja y la economía, privilegia la caja, mientras simula ser “keynesiano”.
La semana política
Trastienda en Olivos y el dilema K
La ingenuidad del intendente riojano dejó al desnudo la anomalía institucional de un gobierno que, entre la caja y la economía, privilegia la caja, mientras simula ser “keynesiano”.
Sergio Serrichio
CMI/El Litoral
Aunque no haya sido su intención, Ricardo Quintela puso en negro sobre blanco la realidad política e institucional de la Argentina.
“No esperaba que (Néstor) Kirchner diera con tanta celeridad la respuesta para firmar los convenios para las Obras Públicas”, dijo el miércoles pasado en rueda de prensa el intendente de La Rioja, luego de anunciar que los 98 millones de pesos que el ex presidente le había prometido “agilizar” una semana antes, ya habían sido girados por el gobierno nacional, a las cuentas de su municipio.
Quintela fue uno de los miembros de la delegación riojana que el miércoles 28 de enero asistió al montaje escénico, en el gigantesco quincho de la residencia de Olivos, en el cual Cristina Fernández de Kirchner (CFK), en su doble rol de locutora y presidenta de jure, anunció la tercera tanda provincial del “programa plurianual” de viviendas, un reformateo de viejas promesas incumplidas.
En ese acto, el gobernador más mimado fue el mendocino Celso Jaque. Cuando concluyó, Kirchner mandó a llamar a Quintela, le preguntó qué necesitaba para asegurar el triunfo kirchnerista en las elecciones de octubre, y siete días después “le mandó” 98 millones.
La confesión pública del intendente riojano deja al desnudo que, tras las luces y los anuncios, las “efectividades conducentes” las sigue manejando Néstor Kirchner. Su esposa, eso sí, sigue siendo quien se encarga de regañar a Florencia, la hija del matrimonio presidencial, como confesó en uno de sus innumerables discursos.
La pasividad con que el país asistió a la enésima -y ahora explícita- confirmación de que una persona sin responsabilidad institucional alguna decide sobre los dineros públicos muestra lo arraigada que está la anomalía. Esa debilidad es más preocupante en la medida que la fortaleza política del kirchnerismo es su supuesta “eficacia” de gestión, en particular en el área económica. Un supuesto cuya validez o falsedad se encargarán de elucidar los próximos meses y años.
Crisis por aquí, crisis por allá
El mundo asiste a una crisis de una amplitud y -probablemente- duración y profundidad, como no se ve desde la “Depresión” de los años ‘30. Sería necio exigirle al gobierno actual, o a cualquiera, que el país salga inmune del cataclismo. Simplemente no está dentro de sus posibilidades. En cambio, sí es exigible que plantee los problemas y opciones con sinceridad, que convoque en serio a la unidad nacional, que trate de suavizar los efectos de una crisis capaz de adquirir dimensiones históricas y que acuerde e implemente políticas para salir cuanto antes del pozo.
En cambio, el gobierno insiste en su estilo maniobrero, y en devaluar la figura y la palabra presidenciales. Entre bambalinas, Kirchner es, de hecho, el gran “destituyente” de la Argentina. Y la propia presidenta se empeña en acumular discursos y comparaciones que la realidad no puede dejar sino en ridículo.
Valga como ejemplo el más reciente montaje de Olivos: aquel en que CFK anunció un acuerdo salarial con los empleados de Aerolíneas Argentinas, y elogió el resultado de los primeros seis meses de gestión de la reestatizada compañía aérea. Vamos por partes:
* El acuerdo salarial, retroactivo a enero de 2008, había sido acordado meses antes. Fue el “anuncio” de ese acto, porque el gobierno no logró abrochar el que realmente quería: el traspaso de una parte de un contrato de compra de aviones Airbus, que había firmado el dueño anterior, el español Grupo Marsans. De ese modo, esperaba -espera todavía, en febriles gestiones, antes del viaje de CFK a España- evitar un litigio internacional de proporciones.
* La presidenta elogió los resultados desde que el Estado se hizo cargo. Pero la “mejora” esconde la magia de comparar datos de temporada alta con baja, y que entre el momento del traspaso y el actual, la nafta de aviación -el principal costo operativo- cayó 70 por ciento. El verdadero antecedente de “gestión K” de una línea aérea no son los seis meses de Aerolíneas, sino los años que Lafsa (Líneas Aéreas Federales S.A.) lleva sin volar, pero con estructura y salarios gerenciales y un presupuesto cercano a los cien millones de pesos.
* En el mismo discurso, CFK afirmó que en el mundo “se están tomando medidas que casi podrían decirse copiadas de lo que ha sido este modelo desde 2003”. En verdad, Barack Obama en EE.UU., y el mundo en general, intentan combatir la crisis con recetas keynesianas: reducción al mínimo de las tasas de interés, baja de impuestos y aumento del gasto público, para revivir una demanda extinta y su terrible secuela de despidos masivos, que realimentan la crisis. En la Argentina, en cambio, el gobierno de CFK anuncia estímulos que no aplica o aplica con cuentagotas, prodiga tarifazos de vigencia inmediata, cuando no retroactiva, y busca preservar el mayor superávit fiscal posible. De keynesiano, nada.
El dilema K
Tal vez los Kirchner crean no tener alternativas. El temor al “default” y a una disparada del dólar, por todo lo que el gobierno de Néstor no hizo tras la reestructuración de deuda pública concluida en febrero de 2005, y por el error de cálculo con el que el de Cristina gatilló, en 2008, la rebelión fiscal del campo a la que se obstinó luego en convertir en una guerra en la que perdimos todos, los enfrentan ahora al dilema de privilegiar la Caja fiscal o la economía real, ésa en la que viven 40 millones de argentinos.
Por ahora, manda la Caja. Porque es el único instrumento del que dispone el matrimonio presidencial para salvar la ropa en las elecciones de octubre (de ahí que el ex presidente la aplique en dosis homeopáticas, como en La Rioja) y porque teme que sin ella su “modelo” pueda sufrir un golpe inmediato, en la forma de una corrida cambiaria (contrafaz de una huida del peso), que le daría a la crisis un tinte típicamente argentino. Por eso, mientras haya espacio para simulacros, el gobierno seguirá jugando a que es “keynesiano”.
El trance es complicado. No es cuestión de pedir milagros. Pero sería bueno un mínimo de sinceridad presidencial. A menos -claro está- que la presidenta se crea los montajes de Olivos, ésos en los que ella habla mientras, por atrás, el que manda distribuye efectivo.
Kirchner mandó a llamar a Quintela, le preguntó qué necesitaba para asegurar el triunfo kirchnerista en las elecciones de octubre y siete días después “le mandó” 98 millones.
Néstor Kirchner sigue gobernando como si fuera el presidente.
Foto: Dibujo Cejas
LA CLAVE
Para España
Cristina Fernández esta tarde rumbo a Madrid para cumplir con la dos veces postergada visita oficial, en la que espera reunirse con su par José Luis Rodríguez Zapatero y los reyes de España para afianzar la relación bilateral, con la firma de un convenio para que inmigrantes argentinos puedan votar allí, y resolver el conflicto por la reestatización de Aerolíneas.
La acompañarán el gobernador, Daniel Scioli; los ministros de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana y de Planificación Federal, Julio De Vido; los sindicalistas Hugo Moyano, Omar Viviani y Antonio Caló; y Juan Carlos Lascurain y José Ignacio De Mendiguren por la UIA y legisladores.
EL DATO
Aumento del gas
El defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, anunció que impugnará en los próximos días ante la Justicia los aumentos en las tarifas de gas que comenzaron a llegar esta semana a los usuarios, en algunos casos, según denuncias, con alzas del 200%. La Defensoría considera que la suba es “ilegal y arbitraria” y a la vez entiende que el Poder Ejecutivo dispuso un incremento que a su criterio es un impuesto, y en consecuencia no tiene facultad para hacerlo.
La pasividad con que el país asistió a la enésima -y ahora explícita- confirmación de que una persona sin responsabilidad institucional alguna decide sobre los dineros públicos, muestra lo arraigada que está la anomalía.