Inmuebles
Un nuevo ámbito privado
Pese a la crisis, las ventas de lotes en barrios cerrados tienen una oportunidad. En Santa Fe, se suma a la oferta Las Almenas, un emprendimiento de Arcore, que diversifica así sus inversiones.
Inmuebles
Un nuevo ámbito privado
Pese a la crisis, las ventas de lotes en barrios cerrados tienen una oportunidad. En Santa Fe, se suma a la oferta Las Almenas, un emprendimiento de Arcore, que diversifica así sus inversiones.
Federico Depauli. “La empresa, con su capital, respalda totalmente el nuevo proyecto”.
Foto: El Litoral
Félix Canale
A mediados de 2003 Arcore, una empresa familiar con 66 años en el mercado y que ya suma tres generaciones, especializada en la venta de repuestos automotores, decidió extender su campo de negocios invirtiendo en desarrollos inmobiliarios.
“Decidimos ampliar la actividad hacia ese sector, porque fue el que vimos como una alternativa más segura. No distrae mucho tiempo a la empresa, ya que es un negocio a mediano o largo plazo. La decisión, en realidad, fue repartir el riesgo en más de una opción, luego que la inundación mostró la inconveniencia de apostar todo el capital a un solo negocio”.
El razonamiento es de Federico Depauli, presidente de la empresa, quien además recuerda que en la inundación de 2003, la compañía perdió el 85 por ciento de la mercadería que tenía en stock.
Los resultados de la decisión fueron que, en 2006, Arcore construyó y vendió un edificio de 30 departamentos (Torre Agustinos) y que a fines de 2008 saliera al mercado con el loteo de un barrio cerrado, Las Almenas, sobre la autopista a Rosario y en jurisdicción de Santo Tomé, a 4 kilómetros desde la salida de Iturraspe y Av. Perón.
El respaldo
Los repuestos automotores y los desarrollos inmobiliarios son rubros más que disímiles, pero en esa disimilitud Depauli encuentra una fortaleza. Y un argumento de venta.
“Se trata de una sociedad anónima, Arcore, con muchos años en el mercado, que decide invertir en un negocio paralelo. La empresa, con su capital, respalda totalmente el nuevo proyecto y eso da una seguridad: aquí no hay fideicomisos ni sociedades nuevas que mañana desaparecen”, dice.
El planteo se refiere específicamente a Las Almenas, un desarrollo sobre 18 hectáreas subdivididas en 109 lotes (entre 1.000 y 1.400 metros cuadrados) y casi 3 hectáreas de espacios verdes comunes. En esta última superficie se incluye una cancha de fútbol 8, piscina con solarium, quincho, lago artificial y un club house con capacidad para 450 personas sentadas.
“Creemos que el conjunto es de una medida justa para armar un grupo de residentes. Ni tan pequeño como para que el costo de mantenimiento sea una carga pesada para cada propietario, ni tan grande como para que se reúna una multitud y los costos se disparen. Además, para que nos podamos poner más fácilmente de acuerdo”, argumenta.
El uso de la primera persona del plural adquiere sentido, cuando Depauli dice que “varios socios de la empresa ya hemos decidido construir allí y seremos vecinos”. De todas formas, cuando finalice la venta, Arcore no sigue ligada al proyecto. La gestión del barrio se encargará a una empresa de administración de consorcios, y serán los vecinos quienes deberán conciliar opiniones sobre costo y tipo de servicios requeridos.
La venta
Depauli no dice cuánto dinero requirió desarrollar el proyecto, pero cuenta que se fue invirtiendo progresivamente, durante 5 años, para lograr que al momento de vender el primer lote la inversión prevista estuviese completa.
El mecanismo fue ir reinvirtiendo utilidades de Arcore y asegurarse que, desde el ángulo legal, no quedasen lagunas. “Está en juego el capital de la empresa -explica- y eso nos obligó a no salir a vender hasta que el último papel estuviera aprobado. En algunos distritos municipales, se permite vender primero y desarrollar después. En Santo Tomé no, y nos ajustamos a eso”.
También comenta que sólo se está esperando el permiso correspondiente para realizar la escritura traslativa de dominio. “Ya se firmó con la intendencia y eso va a la provincia. Si se cumplen los plazos habituales, en el primer trimestre se entregarán las escrituras definitivas”.
Con esa seguridad, en noviembre de 2008 arrancó la etapa de venta -comercializa Benuzzi Inmobiliaria- y a fines de enero las compras llegaban a 15 % de la superficie ofertada, con terrenos de 20 metros de frente cuyos precios arrancan en los 90 mil pesos. Dentro de ese primer lote de compradores, cuenta Depauli, hay muchos interesados en construir para posteriormente alquilar.
“Haber vendido ese porcentaje en 90 días, en el momento más difícil de la inversión inmobiliaria, nos deja conformes, porque creemos que, de ahora en más, van a aumentar las decisiones de compra”, evalúa.
La expectativa es que la venta total del predio puede demorar unos 2 años. Para la empresa, el plan es recuperar en el primer año (2009) la inversión y en el segundo obtener utilidades.
Por lo pronto, para el presente mes de febrero está previsto que se inicien las dos primeras construcciones privadas, alentadas por la existencia de servicios básicos y la terminación de los espacios comunes.
Y también por una ventaja transitoria: quienes compran ahora, por un año pueden utilizar las instalaciones sin pago de expensas ni otros gastos comunes.
ADEMÁS
Distintos desarrolladores inmobiliarios que operan desde Capital Federal, coincidían, a principios de febrero, en que pese a la crisis y la cautela que ésta genera, estaba creciendo la oportunidad para la venta de urbanizaciones cerradas. Entre los motivos de esa tendencia, se encuentran la baja en los costos de edificación, estimada en 15 % con respecto al último tramo de 2008.
Otro razonamiento indica que los propietarios de inmuebles en la Argentina, a diferencia de lo que ocurre en países europeos, no están agobiados por créditos hipotecarios que los obliguen a bajar los precios para poder vender. Este desahogo los lleva, en el caso argentino, a mantener las cotizaciones de 2008 para sus propiedades en venta.
Es por eso que una gran parte de la demanda se orienta hacia terrenos libres, donde pueda construirse a un costo relativamente más bajo que hace unos meses atrás. Cálculos a mano alzada, muestran que el dinero que se paga por un departamento estándar de 2 dormitorios, en Capital Federal, (entre 1.500 y 2.000 dólares el metro cuadrado), alcanza para comprar un terreno y construir una casa en algunos de los más de 200 barrios cerrados que existen fuera de la General Paz.
También está influenciando en esta orientación del mercado que, a diferencia de la crisis de 2001 cuando se confiscaron los ahorros, en 2009 los potenciales inversores tienen su dinero a salvo y con disponibilidad. También porque se mantiene la tendencia de “ahorrar en ladrillos”, entre aquellos que tienen fondos disponibles.
Repuntan los barrios cerrados
+ información
www.ellitoral.com/blogs/empresariosyempresas.