En días de guerra, una visión sobre Israel
El diálogo es el único camino para lograr una paz durable
El Holocausto sigue llamando a la investigación sobre sus causas, para que nunca vuelva a ocurrir una tragedia como la vivida. La experiencia desde un viaje de estudios a Israel.
Teresa Pandolfo
Han pasado más de 60 años y en los ámbitos académicos y culturales se mantiene la interrogación respecto de cómo pudo suceder el Holocausto, o mirado desde otro punto de análisis, cómo no se lo logró impedir.
Hechos recientes, como las declaraciones del obispo lefebvrista Richard Williamson -quien negó la matanza de millones de judíos y de gitanos por parte del régimen nazi que gobernaba Alemania, antes y durante la Segunda Guerra Mundial- renovaron las tensiones entre el Estado de Israel y El Vaticano.
El padre Gerardo Galetto fue invitado por la comunidad judía local, a visitar Israel. Contó para ello con una beca de la asociación Safra, entidad filantrópica de carácter mundial, para la realización de estudios sobre el Holocausto. La experiencia fue compartida con otros 20 docentes de Latinoamérica, y el seminario se desarrolló en el museo Yad Vashem, de Jerusalén. El sacerdote es doctor en Filosofía, egresado de la Universidad Lateranense de Roma, y rector de la Universidad Católica de Santa Fe.
El presbítero llegó justamente a Israel el día en que se iniciaba la invasión militar a la Franja de Gaza, ocupada por los palestinos y dominada por el Movimiento Islamita Hamas.
El sacerdote calificó la experiencia como muy enriquecedora, a partir de un tema que le interesa en particular, y que trabajó en su tesis. Además -dijo- el viaje le permitió tomar contacto con gente vinculada tanto a la cultura como a la vida académica, política y religiosa del estado hebreo.
No hay una respuesta única
—A más de 60 años del Holocausto, ¿cómo se evalúan esos años de terror, por parte de Israel?
—Todos estamos de acuerdo en que nunca debería volver a suceder una tragedia de esta naturaleza aunque es cierto que los orígenes, las causas de este fenómeno, no son tan claros ni hay sobre ellos una respuesta unívoca. Por ejemplo, Hannah Arendt, filósofa judía, que escribe mucho sobre el totalitarismo, marca el carácter ilógico que tienen todas las circunstancias que fueron llevando a una catástrofe de esta naturaleza.
En lo personal me interesó siempre el tema por toda la cuestión histórica que existe detrás y, además, a medida que fui creciendo en mi vida cristiana y en los compromisos eclesiales que fui asumiendo, obviamente, observé que la cuestión judía es uno de los puntos claves que tienen que ver con la relación de la Iglesia y el mundo moderno. Cómo se aborda la cuestión judía en la Iglesia es una de las cuestiones que, evidentemente, hacen a la relación de la Iglesia y la Modernidad.
—¿Cuál fue su conclusión, después del seminario, con respecto al Holocausto?
—Insisto en que no hay una respuesta única sobre este fenómeno, que como recientemente ha recordado el papa Benedicto XVI, es una prueba del poder destructivo que puede tener la maldad, cuando se apodera del corazón del hombre.
Mi percepción o mi convicción es que se trató de un fenómemo esencialmente ideológico, y que precisamente las circunstancias y los orígenes del proceso que terminó tan terriblemente en la así llamada “solución final”, tiene que ver con una ideología; que es una ideología que podríamos decir que es decimonónica, que se dio en el corazón de la Modernidad y de la Europa ilustrada. Una ideología que, además, tuvo pretensiones seudocientíficas y que tuvo al racismo como una de sus características principales.
Y en ese sentido creo que el Holocausto nos enseña a estar siempre muy alertas sobre este tipo de fenómenos, que cuando ganan no sólo el corazón sino la mente de los hombres, pueden llevar a estas distorsiones de la realidad.
Otra de las cuestiones que siempre me preocupó es la relación que existe entre las persecuciones que han sufrido los judíos por parte de los cristianos, y el Holocausto. Las opiniones están divididas pero muchos historiadores, incluso judíos, marcan la diferencia esencial y absolutamente abismal que existió entre el antisemitismo nazi y el antijudaísmo, que de hecho se dio en otros momentos de la vida cristiana.
La invasión a Gaza
—El día que usted llegaba a Israel, comenzaba la invasión a la Franja de Gaza: ¿cree que el pueblo hebreo se sigue considerando a sí mismo un pueblo perseguido?
—El conflicto con los palestinos es un tema eminentemente político, por supuesto con raíces históricas y religiosas. Pero me parece que aquí entramos en un ámbito totalmente diferente a la problemática religiosa, que tiene que ver con la dificultad de cumplir con resoluciones internacionales, como por ejemplo, la declaración de la ONU cuando decide la partición de Palestina y la creación del Estado de Israel.
Evidentemente, existen situaciones muy complejas que hacen de difícil cumplimiento esta normativa. Pero entiendo que ésta es la única salida para un proceso de paz verdadera, estable y duradera.
—¿No existe el sentimiento, en el pueblo común, de que sigue sin tener un lugar en el mundo?
—Daría la sensación de que no, que justamente es el Estado de Israel el lugar del mundo por el que han soñado y que han estado trabajando a lo largo de siglos.
En cuanto a la sensación de que si son un pueblo perseguido, no podría responder a esa pregunta porque un mes es poco tiempo para tener una visión de lo que puede llegar a sentir el hombre común del Estado de Israel. Me da la impresión de que, en este sentido, no hay una sola manera de entenderse a sí mismos, por parte del pueblo judío.
Creo que es un pueblo donde hay mucho pluralismo, donde hay muchas tendencias en lo religioso y en los temas socio-políticos. Aunque es cierto, tuve la sensación en este mes, que ante la invasión a la Franja de Gaza, en un primer momento todas las opiniones giraban en torno a un mismo eje: la seguridad de Israel. Después, se empezaba a ver que había distintas manera de entender esta temática. Que no había una sola voz e incluso hubo voces críticas respecto de la acción que estaba llevando adelante Israel, ante este conflicto.
—El conflicto ¿modificó sustancialmente la vida en el país?
—No, nosotros estábamos en Jerusalén y la vida continuó su desarrollo normal al igual que en el resto del país.
—¿Es como si ellos tuvieran a la guerra incorporada como una posibilidad siempre latente?
—Sí, hasta la arquitectura tanto de las casas que eran hogares, como de los lugares públicos, está pensada para eventuales ataques. Todas tienen refugio, hay una disciplina del pueblo y de la sociedad en general, sobre la posibilidad de ataques o de guerra inminente.





