Esta mañana

Policía herido en Barranquitas

Un delincuente armado lo atacó cuando subía a su auto particular, después de comprar facturas en una panadería de la avenida Perón. Estaba vestido de civil porque estaba de franco, pero llevaba el arma reglamentaria en la cintura.

Juliano Salierno

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El subcomisario Juan Carlos Hamsik grita dolorido en el auricular del teléfono. Está en su casa, con su familia, y mientras habla con El Litoral alguien le hace las curaciones en su pie izquierdo, magullado por una herida de bala que recibió esta mañana en un intento de robo.

Lo atacaron cuando se estaba por subir a su auto particular, un Renault 18 break marrón. Acababa de comprar facturas en una panadería de la avenida Perón, casi Perú, cuando lo sorprendió un muchacho alto, de unos 25 años, que caminaba en dirección a la parada de colectivos.

Eran las 6 de la mañana y todavía estaba oscuro en Barranquitas. Hamsik, de 41 años, es jefe de la Comisaría de Distrito 16 de Recreo, pero estaba franco de servicio esta mañana. “Iba a buscar a mi mujer al Hospital Iturraspe”, relató el policía, que habitualmente compra facturas en ese lugar para acompañar el mate.

No vestía el uniforme y tal vez eso envalentonó al asaltante, que lo tomó desprevenido y sacó a relucir un revólver cuando lo tuvo a unos 10 metros de distancia. Lo tenía apuntado y le gritaba: “Dame la plata, dame la plata”. Entonces “me puso el revólver abajo de la pera y me hacía presión”.

El forcejeo

“Calmate”, “tranquilo”, “quedate quieto”, fueron las palabras utilizadas por la víctima, que a pesar de su experiencia laboral, era la primera vez que le ocurría en carne propia.

En eso “me metió la mano en el bolsillo donde tenía la credencial y tarjetas de crédito”. “Me estaba bolsiqueando” cuando “en un descuido alcancé a sacar el arma que tenía en la cintura”. Pero “cuando se dio cuenta me quiso tirar”.

“Me daba en la cabeza si no le alcanzo a manotear para abajo el brazo”, expresó Hamsik que todavía se queja por el ardor que le provoca el desinfectante que le colocaban en su dedo meñique.

“Me empujó y me tiró. Caí de espaldas, sentado. Estando en el suelo, me identifiqué como policía y me quiere disparar de vuelta”, entonces el policía abrió fuego con su pistola 9 mm. Alcanzó a percutir dos veces el gatillo, sin dar en el blanco.

Luego se levantó, se subió a su coche y emprendió una persecución que lo llevó al interior de la villa. Pidió apoyo al Comando Radioléctrico y a los pocos minutos estaba sentado en una ambulancia del Cobem, que lo trasladó al hospital Cullen para que lo atendieran. El delincuente, que huyó por las calles indescifrables de la villa de Barranquitas, alcanzó a robarle la credencial y las tarjetas de crédito, porque la billetera la llevaba en uno de los bolsillos traseros del pantalón.

Policía herido en Barranquitas

El policía salía de una panadería de avenida Perón y calle Perú cuando lo apuntaron con un arma de fuego.

Foto: Mauricio Garín

“Calmate”, “tranquilo”, “quedate quieto”, fueron las palabras utilizadas por la víctima, que a pesar de su experiencia laboral, era la primera vez que le ocurría en carne propia.

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ADEMÁS

Vecinos atemorizados

En una breve recorrida por la zona donde se produjo el ataque al policía, El Litoral entrevistó a algunos vecinos, que se mostraron reacios a contar cómo fue el enfrentamiento armado. El temor a las represalias los hace guardar silencio en la mayoría de los casos, puesto que saben que deben convivir con los delincuentes que se mezclan entre la gente decente. Uno de los comerciantes del lugar reconoció que anoche debió quedarse a dormir en el local, porque le avisaron que había corridas y gente rondando por el barrio. Permanecer en el lugar con las luces prendidas es para este trabajador una manera de alejar a los malvivientes y proteger sus bienes.