EDITORIAL

El Inadi y el fútbol

El Instituto Nacional contra la Discriminación, el Racismo y la Xenofobia -el Inadi- ha decidido actuar para condenar los actos teñidos de estas características, en los torneos profesionales de fútbol.

En el más popular de los espectáculos deportivos es moneda corriente el brote discriminatorio. En las tribunas predominan los prejuicios en materia de género, de elección sexual, por razones étnicas y de origen. Además, de forma consentida por la enorme mayoría de quienes participan como espectadores se sostiene frecuentemente una exaltada apología del delito: desde alabanzas al uso y el tráfico de drogas hasta el culto por la muerte del rival, pasando por otras aberraciones. Es cierto que la enorme mayoría de quienes concurren a los estadios no matan, no venden ni consumen drogas, ni discriminan a sus vecinos por cualquiera de estas razones. Pero mal haría un instituto creado para combatir estas manifestaciones de ignorancia si fingiera que en ese lenguaje, en esos usos y en esas palabras de las denominadas hinchadas “todo vale”, forma parte de un supuesto “folclore”, una expresión que evidentemente por su raíz asociada a lo cultural no cabe en los cánticos del fútbol.

También es verdad que no pocas veces los medios de comunicación -en una parte de sus programas y espacios- tienden a convertir en valor esos disvalores, y que -hasta que el Inadi señaló las faltas y los actos de discriminación- no hubo críticas al respecto.

La lista de injustificados actos de este tipo es interminable. El último hecho lamentable muestra a una tribuna de la ciudad de Avellaneda (en la provincia de Buenos Aires) con banderas de Paraguay y de Bolivia que, al unísono, grita “el que no salta” es de ambos países hermanos. La masa transforma en acusación, en denostación, la nacionalidad que sin dudas hace sentir orgullosos a bolivianos y paraguayos. Y muestra hasta qué grado vergonzoso ha penetrado en la Argentina todo lo que el Inadi debe corregir: discriminación, racismo y xenofobia.

Es fácil señalar expresiones de esta calaña en otros ámbitos, siempre más dispuestos a aceptar el correctivo, como ante manifestaciones públicas de instituciones, empresas, organizaciones sociales o políticas, que suscriben sus opiniones con su propia identidad. Lo realmente difícil es hacer que aun bajo las pulsiones apasionadas que despierta el fútbol, quede espacio para aplicar el freno y no contribuir a convertir a los hombres en bestias.

Uno de los párrafos más bellos, liberales y luminosos de la Constitución de nuestro país está en su Preámbulo y anuncia por escrito, con el valor de un documento a jurar por todos los argentinos, las puertas abiertas de las fronteras para “todos los hombres de buena voluntad”.

Por décadas se ha repetido que los inmigrantes, los pueblos aborígenes y los criollos han formado un crisol de razas. La Nación se acerca a sus dos primeros siglos y entre otras muchas tareas pendientes debe aún hacer realidad ese ideal integrador, el sueño de fundir como a metales a las identidades.