Postales de una sociedad histérica

Julieta Grosso

Télam

La periodista Malele Penchansky dedica su flamante trabajo “Historia universal de la histeria” a desmontar algunos mitos clásicos relacionados con esta problemática, entre ellos su asociación excluyente con el sexo femenino y su condición de falencia estrictamente contemporánea.

Pocos vocablos han sido tan frecuentados y hasta vaciados de contenido como la palabra histeria, que en un principio el imaginario social vinculó con los desbordes emocionales femeninos pero que hoy se presenta con una versatilidad suficiente como para ser aplicada tanto a las alianzas entre políticos como a las relaciones sociales en general.

“Nuestro siglo XXI ha entronizado a la histeria como virtud indispensable para el éxito: ganar caiga quien caiga, siempre pum para arriba, en los diversos planos del mercado global”, esboza Penchansky, en las primeras páginas del libro.

“El muestreo mediático ilimitado de lo histérico ha convertido algo profundamente doloroso y patético: una estructura psíquica basada en la orfandad del deseo sostenido en la insatisfacción permanente, como si fuera una cualidad positiva del sistema, un elemento indispensable para el desarrollo de la cultura en general”, analiza.

“Historia universal de la histeria”, recién lanzado por el sello Grijalbo, atraviesa todas las épocas y los registros, desde “El banquete” de Platón —que refiere al amor de Alcibíades por su maestro Sócrates— y la cuestión del travestismo y la ambigüedad en Juana de Arco hasta el caso de Anna O., que Sigmund Freud convirtió en paradigma del psicoanálisis.

“Me interesa mucho el tema porque yo misma soy un sujeto de la histeria, al que considero un tema dolorosamente aprendido a través de más de treinta años de psicoanálisis. La idea del libro es ayudar a aquellos que transitan un camino histérico para que sepan cómo manejar ciertas cuestiones”, destacó Penchansky a Télam.

“En todo caso, cuando me refiero a la histeria hablo de la neurosis corriente. No de la histeria gravis a través de la cual el sujeto puede llegar a la parálisis, a la ceguera, a poner en el cuerpo cosas tremendas”, aclaró la autora de “Historias de sobremesa” y “Los viajes de Eros”.

El sujeto histérico

Entre otras cuestiones, Penchansky explica en su trabajo que la asociación entre mujer e histeria nació en la antigüedad, aunque ni egipcios, griegos y romanos llegaron a prestarle atención suficiente como para obtener información concluyente.

“Se la identificaba con las mujeres porque la palabra histeria proviene de hyster (útero) y fueron las mujeres las primeras “estudiadas’, siguiendo sus síntomas. A tal punto que se creía que el útero era una suerte de “animalito’ vivo que se movía en el interior del cuerpo femenino, provocando ahogos, desmayos y otros trastornos”, señaló la autora.

“Con el correr del tiempo y el avance de la ciencia se demostró que el sujeto histérico no tiene sexo específico, si bien es probable que haya más mujeres histéricas que hombres”, acotó Penchansky, que tomó como base para su libro, una investigación de la psicoanalista francesa Diane Chauvelot.

“De hecho en el libro desarrollo también la cuestión del varón histérico a partir del mito de Don Juan, un varón que en el fondo es un insatisfecho perpetuo que no se enamora nunca y acumula historias y conquistas —indicó. En el fondo es un impotente y no puede gozar porque está buscando siempre parecerse al padre y encontrar una mujer como la madre”.

La periodista recorre los alcances de la histeria a través de mitos que tienen como eje la presencia de un ingrediente pasional: “En la pasión siempre hay un triángulo, real o simbólico y ahí entra en juego la histeria: es necesaria esta estructura para que el deseo crezca y el sujeto permanezca insatisfecho, que es uno de los padecimientos más dolorosos del histérico”, apuntó.

Histeria y consumo

En una época como la actual, donde las sociedades están planteadas como máquinas de consumo, la relación entre histeria y consumo parece cada vez más estrecha: “Cuando más consume un individuo, más cree que llena sus vacíos y sus carencias. El sujeto en general no quiere saber lo que le pasa”, explicó la autora.

“Esto se ve muy claro en la ambigüedad de la moda, que cubre el cuerpo del sujeto en la modernidad, una suerte de travestismo continuo —los movimientos y actitudes del cuerpo todo— como expresión de una conducta histérica individual y colectiva”, destacó.

¿La mayor oferta de dispositivos tecnológicos como los fotologs y las redes sociales al estilo de “facebook” contribuye a aumentar el componente histérico de los individuos? “El siglo XXI propugna la histeria como un valor: hoy hay que histeriquear o no sos. Eso lleva a que el sujeto de la modernidad esté obligado a mostrarse siempre bien y a que multiplique esa imagen por todos los canales posibles”, analizó Penchnasky.

Postales de una sociedad histérica

En la sociedad actual, la relación entre histeria y consumo parece cada vez más estrecha.

Foto: Archivo El Litoral