Inocente curiosidad
Inocente curiosidad
Rubén Elbio Battión
Madre ¿qué es el llanto? La sombra del Edén perdido. ¿Cuál fue la primera palabra de Dios? Esperanza. ¿Qué es el Cielo? El regazo de la Virgen María. ¿Y la amistad? Es la savia común de dos ramas distintas. Y a propósito ¿qué es el amor? Es la sombra iluminada de Dios. ¿Puede el amor morir y renacer? Sí. Entonces se produce la unión como de dos mitades de una estatua que se quiebra y se vuelven a unir completamente. Otra vez nueva; pero queda una cicatriz indeleble. ¿Qué significa una cruz? La verticalidad de los cuatro puntos cardinales: un espacio siempre divino para sembrar suspiros y recoger esperanzas.
Madre ¿me llevas en tu corazón? No, tú eres mi corazón. ¿Y qué son los latidos? El telégrafo de la vida. ¡Madre! ¿Puede ser que te quiera más que a mi padre? No, hijo. Son afectos incomparables y complementarios; son las bisagras afectivas del izquierdo y del derecho; son dos para un solo amor: la ternura y el amparo. Son dos brazos comunes para izarte al Cielo. ¿Qué es la conciencia? Un parcial subtítulo de Dios. En realidad, es el rumor vivo de Dios. ¿Y la experiencia? Los ensayos de la vida: fortunios e infortunios que vacilan hasta la representación final.
Madre, ¿por qué guiñan las estrellas? Muestran la rotación de los días y las noches, la alegría y el llanto; el sueño y la vigilia, el éxito y fracaso; el fuego y las cenizas, las ilusiones negadas... Simbolizan la réplica de la vida. ¿Y el fuego? Un ramaje plural: la inicial del sol de la vida, el hogar de la pira inquisitoria, la agonía de los virus morbosos, la bocanada del infierno, el imán de los cuerpos desnudos por el frío, el pulmón de los volcanes, la tentación del beso apasionado, el solaz de los ancianos...
Madre, a veces tengo miedo y las relaciones humanas no tienen la ternura pretendida. Hijo, esto sucede porque no sabemos interpretar las espinas de la Cruz. ¿Qué es el baile? La ebriedad del sobrio. ¿Y el bostezo? El umbral del aburrimiento. ¿Qué hay detrás del silencio? La mirada de Dios. ¿No temes estar sola? Nunca estoy sola. ¿No conoces, hijo, el poder de la fe? Con todo, a veces me encuentro cansado. La vida me aplasta los latidos del alma, y a mis fuerzas las debilita el sol, la noche, el silencio... No desesperes; frota tu alma con la palabra que iniciara el fuego bendito. ¿Qué palabra? Jesús. Los cinco dedos de tus manos escriben la palabra Jesús. Frótalas con fe y con sonrisas suaves y tibias.
Madre, hoy es una fecha especial: que los cumplas feliz. Por muchos años... Gracias, mientras yo viva y tú vivas... Madre, abrázame. La soledad se ahonda en las distantes estrellas del firmamento; todo es lejano y ajeno. No desesperes, hijo. Ten fe ¿no sientes las cruces infinitas que se derriten en tus manos? ¿No hueles las espinas que desaloja la divina rotación de los días y las noches que se aplastan frente a tu espejo con una oración? ¿Una oración? Sí, la eterna: Santa María, madre de Dios, ruega...