Un verano para el recuerdo

Ignacio Andrés Amarillo

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Ernesto Tenembaum dijo recientemente en una de sus emisiones radiales que una de las particularidades de Woody Allen es que muestra a las mujeres “lindas pero reales”. Y tal vez eso estalle ante los ojos en “Vicky Cristina Barcelona”, su último filme: se trata de un vórtice originado en tres polos (Scarlett Johansson, Rebecca Hall y Penélope Cruz) en torno de un centro gravitacional (Javier Bardem). Todo narrado por un relator en off bastante monocorde (quizás el paroxismo de este recurso, habitual en Allen; eso le traerá seguramente muchas críticas).

El cuento es el siguiente: dos amigas, Vicky y Cristina (Hall y Johansson) deciden ir de vacaciones a Barcelona. La primera está en vísperas de su boda, la segunda reacomodándose de otras de sus relaciones “de ensayo y error”. El destino las cruzará con Juan Antonio Gonzalo (Bardem), un pintor que se recupera asimismo de su complejo matrimonio con María Elena (Cruz). Así, pasarán un verano único, entre sentimientos cruzados y variadas propuestas sexuales.

Allen vuelve a elegir como protagonistas a representantes de los “BoBos” (bohemian/bourgeois, bohemios burgueses) al igual que en la “saga londinense” compuesta por Match Point, Scoop y Cassandra’s Dream.

Así, entre cuadros de gran tamaño, la arquitectura de Antoni Gaudí, la música de Isaac Albéniz, las casitas de Oviedo y los mejores vinos españoles (suma que en otro contexto conformaría un documental de corte turístico), con el complemento del tema central a cargo de Giulia & Los Tallarini, surgirá el conflicto entre la experimentación de libertades y la aceptación de “lo que debe ser”. Y, por supuesto, el conflicto más viejo del mundo: la consecución del amor y la satisfacción del deseo.

Como Londres en los filmes previos, Barcelona y Oviedo se erigen como protagonistas urbanos, a veces testigos y a veces cómplices de unas pasiones que pueden encenderse hasta quemar y enfriarse como lo hacen los días al final del verano.

Tríada femenina

Dos cosas conocemos de Woody Allen: su costumbre de erigir una musa en cada una de sus películas y su raigambre psicoanalítica. Llama la atención que en esta ocasión haya construido su obra en torno de estas tres damiselas, fuertes y frágiles al mismo tiempo.

Con mucho (bastante) de especulación y atrevimiento, podríamos pensar si cada una de estas mujercitas no constituye una faceta de la tríada freudiana: de tal modo, María Elena sería el Ello (la pura pasión, la subjetividad sin frenos), Vicky sería el Superyo (las convenciones sociales, las conveniencias, lo que “se debe hacer”) y Cristina se constituiría como el Yo (el emergente dialéctico, nunca resuelto definitivamente, entre uno y otro extremo).

Así, sin el espíritu de tragedia griega presente en Match Point y Cassandra’s Dream, Allen construye un cuento sobre los sentimientos, las pasiones y cierta búsqueda de algo indeterminado que algunos llaman felicidad.

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María Elena (Penélope Cruz), Juan Antonio Gonzalo (Javier Bardem) y Cristina (Scarlett Johansson) intentarán construir “una pareja de tres”.

Foto: Gentileza The Weinstein Company.

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BUENA

Vicky Cristina Barcelona

(España/ Estados Unidos, 2008, en catalán, inglés y castellano). Guión y dirección: Woody Allen - Con Scarlett Johansson, Javier Bardem, Penélope Cruz, Rebecca Hall, Chris Messina, Patricia Clarkson - Distribuye Pachamama - SAM 16 - Duración: 95’.