Al lado del camino
Al lado del camino
El anuncio presidencial no frenó la vuelta de los productores a la ruta. Todos los indicios anuncian un endurecimiento de las medidas.
Federico Aguer
Un año después, la foto de los productores agropecuarios trepados a las rutas parece ser la patética confirmación de la imposibilidad argentina para lograr un acuerdo.
Los chacareros ya habían protestado por la falta de quórum del oficialismo para debatir el tema retenciones en el Congreso. Como si fuera poco, las repentinas declaraciones presidenciales agregaron más discordia, ufanándose de coparticipar un 30 % de lo que le tributa el interior.
Esta semana en Rafaela se comprometieron a no despedir gente por 90 días. Los delegados de la UATRE, CARSFE, Federación Agraria, CONINAGRO, la Sociedad Rural local y el RENATRE se comprometieron con el Ministro de trabajo de la provincia suscribiendo un acta mediante el cual “se comprometen a estimular y peticionar a todos sus representados que durante el lapso de 90 días garanticen el mantenimiento de las fuentes de trabajo y a los efectos de facilitar lo acordado el Ministerio expresa la decisión de poner a disposición de los empleadores su capacidad de gestión para facilitar y/o simplificar el gerenciamiento de todas aquellas tramitaciones del ámbito nacional y/o provincial tendiente a superar situaciones de crisis”. Los trabajadores, en definitiva, demuestran ser el eslabón más frágil en esta puja.
La cadena agrocomercial y productiva está virtualmente paralizada, y la medida anunciada poco hará para hacerla volver a funcionar.
Las rutas del país se encuentran por estas horas cortada en casi 70 puntos. La economía nacional no se puede permitir el lujo de volver a frenar su flujo comercial, ya de por sí mermado por la crisis internacional. No otra vez. Ningún país puede funcionar normalmente con las vías de comunicación cortadas. Nada lo justifica, menos en este contexto.
Es hora de empezar a debatir proyectos a nivel nacional que dejen de lado las aspiraciones políticas cortoplacistas. Ya es tiempo que nos preguntemos qué tipo de país queremos y actuemos en consecuencia para lograrlo. La Argentina se merece un proyecto agropecuario que implemente la puesta en valor de un sector clave para sostener la demanda mundial de alimentos. Por eso mismo el campo ya no puede ser el único sector que sustente con su esfuerzo el superávit de la caja nacional. Todas las chicanas dialécticas lanzadas desde el oficialismo caducan con el peso propio de los hechos. Y para corroborarlo, deberían venir al interior del país, claro que sin actos montados ni parafernalias absurdas. Bajar las retenciones ya no es una cuestión de orgullo, sino de supervivencia institucional.