Una costumbre que frenó la tecnología
Una costumbre que frenó la tecnología
Los últimos arreos en los campos de nuestra provincia
En esta entrega final, el Dr. Bernardo Alemán describe los últimos arreos en los campos del norte santafesino, una costumbre gaucha que cortó para siempre el ferrocarril.
La llegada del ferrocarril, si bien no concluyó con los arreos, acortó las distancias; bastaba con arrear hasta la estación más próxima y allí cargar la hacienda en vagones jaula del tren que estaban estacionados en el brete.
A mediados del siglo XX, aparecieron los camiones de transportar hacienda, que van directamente a cualquier día y hora a la puerta del establecimiento donde se encuentra la hacienda que se desea transportar. Esto concluyó con los arreos, con las tropas y con los troperos. Ya no se ven pasar más por los caminos rurales las tropas en viaje, ni se oye el grito de lo troperos animando el arreo, ni el tañido de los cencerros de las madrinas tropilleras que iban a la cabecera.
Hasta no hace muchas décadas, se veían todavía en el norte de Santa Fe esas tropas que pasaban rumbo a las ferias de invernada en Humberto Primo provenientes de los departamentos Vera y General Obligado principalmente. Lo hacían cortando campo por inmensos potreros, siguiendo la rastrillada de tropas anteriores que habían dejado marcado el camino de manera indeleble.
Al llegar al Salado, debían cruzarlo a nado por el llamado Paso de la Barra, donde había un canoero que secundaba el cruce, yendo y viniendo de una orilla a la otra, transportando recados y pilchas, mientras los troperos semidesnudos, nadaban prendidos de la cola o las crines de sus montados, a la vez que atendían al ganado que no se volviera en medio del río. Salvando ese obstáculo, la marcha resultaba más fácil y tranquila, transcurriendo por caminos y callejones hasta llegar a destino. Como siempre había estancias que permitían dar agua a la hacienda y encerrar durante la noche, se libraban de las agotadoras rondas, aprovechando los troperos para descansar a gusto. Estos arreos llevaban varios días de camino y hasta una semana, según la distancia a recorrer y el estado de la hacienda. Por lo general se trataba de novillada de tipo criollo guampudos y livianos, de unos tres a cuatro años.
Bajo el agua
En la década del 40, unas lluvias excesivas anegaron los campos del norte hasta tal punto que los ganaderos tuvieron que salir a buscar campos secos de pastoreo. Se armaron así numerosos arreos que vagaron muchos de ellos sin rumbo fijo, hasta encontrar el lugar donde dejar la tropa a pastaje, mientras descendía el agua en los potreros de origen y pudieran retornar a ellos.
Durante días y noches debieron arrear en medio del agua y sólo podían echar pié a tierra cuando encontraban un hormiguero que sobresaliera por encima de la inundación. Así anduvieron durante semanas hasta encontrar donde acomodar la ropa en terreno seco. Algunos arreos fueron tan grandes y duraron tantos días que, comentaban los troperos, exagerando la nota, no se conocían más los de la cabecera con los de la culata; tan cambiados estaban en su facha, con las barbas y las melenas crecidas y toda la ropa sucia.
Estos arreos llevaban varios días de camino y hasta una semana, según la distancia a recorrer y el estado de la hacienda.
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en relación
Ismael Palacios, famosos tropero del norte santafesino, supo integrar con nueve gauchos más, la cuadrilla que contrató el popular Búffalo Bill para sus espectáculos circenses. Con ellos recorrió parte de Europa y Norte América. Fue incluso unos de los criollos que jineteó un potro frente a la Reina Victoria de Inglaterra en los jardines de su palacio. Se cuenta que en ocasión de representar el asalto a una diligencia por parte de los pieles rojas, los gauchos argentinos tenían la misión de protegerla y rechazar el ataque. Pero a ellos no se les ocurrió mejor idea que desatar las boleadoras que llevaban y arrojarlas a los asaltantes. El éxito fue completo: bolearon a unos y pusieron en fuga al resto. Los pieles rojas vinieron con las quejas al empresario diciéndole que si los gauchos iban a seguir participando en el espectáculo, ellos no estaban dispuestos a intervenir en él.
Gauchos con Búffalo Bill
El ganado criollo dominaba los campos de la provincia en las épocas de los grandes arreos.
foto: archivo