La escritora santafesina Norma Battú presentó en la última Feria del Libro realizada en nuestra ciudad la segunda edición de Las Saboyanas, una obra literaria que pretende reconstruir épocas y procesos a partir de los relatos de descendientes de inmigrantes saboyanas afincadas en colonias agrícolas de nuestra provincia.
“No se trata de una reimpresión, sino que tiene algunas modificaciones de forma y contenido. Además, pensando en que muchos de mis lectores son gente mayor, la letra es más grande”, aclaró la escritora.
Asimismo, mencionó que incorporó a esta segunda edición un plano de Saboya, de manera de ubicar a los lectores en el país ancestral de las protagonistas, y que “en algunas partes, sin perder el sentido original, afiné algunos conceptos. Si bien Las Saboyanas es una obra literaria, al pretender con ella reconstruir épocas y procesos y comprender mentalidades, es cuestión de honestidad intelectual compartir con el lector ciertos descubrimientos a los que arribé por medio de investigaciones posteriores a 1998”.
Y dio un ejemplo: “Partes de una oración, El Padre Nuestro de Lalieu, están expresadas con otras palabras. Dos misales traídos por los inmigrantes en el siglo XIX desde la antigua Saboya llegaron a mis manos. En base a ellos reflexioné que el texto del Padre Nuestro no era el que yo aprendí en mi infancia, y que volqué en la primera edición. También se precisaron algunos documentos.
He puesto énfasis en la parte gráfica, trabajando más una tarjeta postal muy significativa por el trasfondo político y étnico que deja entrever”.
Sin embargo, Battú aclaró que “obviamente, en la portada se mantiene la fotografía de la primera edición, ya que para mí tiene un carácter icónico, pero con otros criterios estéticos, que se continúan en la contratapa, las solapas, y hasta el señalador que se elaboró de este libro”.
Respecto de esa fotografía de la portada, aseguró que “es la única foto de comienzos del siglo pasado que hallé en la cual las mujeres posan solas. Está la madre con sus seis hijas mujeres; no aparecen el padre y los hijos varones. Sacarse una foto era toda una ceremonia en esos tiempos y, ya que el fotógrafo venía a la casa y “se hacía el gasto’, se retrataba toda la familia. Para mí no es casual este grupo exclusivamente femenino. Estoy segura de que la madre llamó por su cuenta al fotógrafo y le pagó con su propio dinero. Así eran las saboyanas, mujeres independientes”.
Muchas curiosidades
Consultada en relación a esa “postal muy significativa” que contiene el libro, Norma Battú aclaró que “se trata de una antigua tarjeta postal que incluí en la primera edición con la idea de interactuar con el lector, para que él jugara con ella porque, para apreciar su picardía, había que mirarla desde distintos ángulos, es decir, girar el libro Era como un guiño entre autor y lector. No fueron muchos los que interpretaron el mensaje y entonces es como que en esta segunda edición “malcrío’ al lector y le doy un poco servido en bandeja el juego, presentando al material en dos posiciones. No es una tontería esa tarjeta: mostraba los conflictos entre Francia y Alemania, en la Primera Guerra Mundial. Tiene todo un contenido histórico y conecta con prejuicios y rivalidades ancestrales. Es -a mi juicio- un material imperdible y por eso quiero compartirlo”.
Como la segunda edición del libro Las Saboyanas incluyen nuevos cuentos, la escritora explicó cómo surgieron estas creaciones. “Existen vasos comunicantes entre mi producción literaria y la investigación histórica. En los diez años que mediaron entre ambas ediciones fui recogiendo nuevos testimonios, escuchando más relatos. Sentí que corroboraban una de mis ideas, la del “hilo conductor’ entre las saboyanas llegadas en el siglo XIX a Santa Fe, y sus descendientes”.
Y dio un ejemplo: “Mujeres de carácter o Un negocio al estilo de la antigua Saboya en el siglo XXI son cuentos que fueron escritos en base a testimonios recogidos en este siglo. Otros surgieron al desgrabar entrevistas a antiguos pobladores de Emilia (como “Del agua hirviendo como arma defensiva de las viudas”), escuchando relatos en una aldea de Saboya, armando rompecabezas familiares con desconocidas compañeras de viaje. Algunos son cuentos más o menos largos, otros se integran a la sección “Flashes”, cuentos cortitos que son como destellos, pero no por eso menos significativos. Por esto los cuentos abarcan el período que va desde 1858 a 2008”.
Por último, la escritora santafesina advirtió que “no es casual la elección de este año para la reedición de Las Saboyanas. En esta provincia, las antiguas colonias San Carlos y Emilia recibieron, a partir de 1858, nutridos contingentes provenientes de Saboya y Alta Saboya. Estas poblaciones celebraron, respectivamente, 150 y 140 años de vida. Es por eso que en la dedicatoria expreso: “En memoria de las saboyanas en América (duendes con una mano de lana y otra de lata,
para acariciar o golpear, según fuera necesario). Por los claveles que sembraron en tierra argentina y en el alma de sus descendientes. A las que llegaron a partir de 1858 a Colonia San Carlos. A las que llegaron a partir de 1868 a Colonia Emilia”.
Para leer
A continuación transcribimos algunos flashes, como los denomina Norma Battú, es decir, cuentos cortos que gentilmente accedió a que publicáramos en De Raíces y Abuelos.
- El día de San José. Justine, 1886: En el viaje mi marido y mis hijos estuvieron descompuestos. Vomitaron durante toda la travesía. Perdieron más de lo que comieron. Las hijas y yo no. Estuvimos bien. Pero al llegar comencé a sufrir de las piernas. Ni a misa puedo ir. Pero hoy, día de San José, no puedo quedarme quieta. Ya he trasplantado coles. Y mañana me ocuparé de hacer lo mismo con cebollas y verduras para hacer ensaladas. Habiendo tanta buena tierra en Colonia San Carlos, es un pecado no tener una huerta. Aunque me duelan las piernas.
- El ternerito trucado. María Verónica, 1913: ¿Por qué se tuvo que morir este ternerito? ¡Ahora la vaca no va a dar tanta leche! Porque se va a entristecer. Se va a poner triste y entonces no dan leche las vacas. ¿Con qué hago queso? Algo tengo que hacer. Y al cabo de un rato María Verónica tuvo una idea. Hizo cuerear el ternerito. Buscó un caballete y colocó el cuero encima. Lo untó con sal, mucha sal. Y la vaca lamía la sal, lamía el cuero del ternerito, y seguía dando leche. De tal palo tal astilla.
- Amelia, 1918: Vos conocés, Lidia, el mal carácter que tiene nuestro padre. Cuando llega atravesado los hijos nos escondemos. Pero no sabés la última que hizo. El domingo llegó con un trofeo que había ganado en el concurso de tiro al blanco, en el Tiro Suizo. Una estatua preciosa, una mujer de porcelana. Nos llamó a todos para que la viéramos. La mostró, la mostró un rato. ¡Era tan linda! Y después agarró su arma, tomó puntería, y pum, pum, le pegó dos tiros y la destruyó. Para hacernos sufrir, nomás. Para amargarnos. Era tan linda la estatua. Era tan lindo ese premio. ¡Ah!, pero yo no me quedé atrás. Fui, agarré un martillo y le rompí lo que él más quiere, lo que a él más le gusta: su damajuana de vino.
- Dosis de vino. Matilde, 1999: Mi padre tomaba dos litros de vino por día. Murió de 90 largos, pero yo le gano ¡103 años cumplí! Y también tomo vino, pero eso sí, soy más medida. Tomo un dedo nomás de vino por día porque el médico me dice que hace bien comentó Matilde, extendiendo un dedo índice en forma horizontal. ¡Mamá! exclamó una hija que se encontraba presente. Decí las cosas como son. ¡Tomás un dedo de vino por día, sí, pero un dedo parado, no acostado..!
Costumbres de época
Aquí agregamos algunos otros flashes o cuentos cortos, que Norma Battú nos permitió reproducir, incluidos en su última producción:
Isabelle y Hélène, 2001
- ¿De manera que usted es bisnieta de François? ¡Somos parientes entonces!
- ¡Claro que recordamos cuando vino a buscar a Marie! Éramos pequeñas entonces, pero lo recordamos.
- Marie dejó una máquina de coser y un edredón de plumas. Decía que si no le agradaba Argentina, volvería a la aldea y buscaría la máquina y el edredón.
- Algunos dicen que extrañaba mucho.
- Otros dicen que era más feliz allá que acá.
- ¡Quién puede saber ahora cuál fue la verdad!
- De cualquier manera, no volvió. Y hay una máquina de coser y un edredón que aún esperan por su dueña, en algún desván de la aldea.
Servicio meteorológico
Los cinco primeros días de enero forman con los siete últimos días de diciembre un ciclo ceremonial especial que los historiadores de las religiones y los folkloristas denominan el “Ciclo de los doce días”. Arnold van Gennep, La Savoie, Voreppe, Francia, 1991.
Luisa Ángela, 2006
- Y sí, yo todos los años lo hago. El 6 de enero, la Noche de Reyes, pongo doce cebollas arriba de una mesa, con un cuchillito les hago un pocito en el medio, adentro pongo un poco de sal. A la mañana siguiente las reviso. Según la cantidad de agua que tenga cada cebolla adentro, se puede decir en qué mes del año que empieza va a haber seca, en qué mes va a llover. Cada cebolla es un mes del año. Así me enseñó mi madre. A ella se lo enseñó su madre, porque “allá” hacían así, decía.