La locura no confesada
Arturo Pedro Lomello
Un hombre puede volverse loco por múltiples razones: por sufrimiento, por enfermedad, por un golpe, por hambre o simplemente por herencia genética. Sin embargo, la vida colectiva que se viene desarrollando desde que tenemos memoria nos muestra una locura que no se reconoce como tal, porque ¿es cuerdo un grupo humano que asesina a otro por pertenecer a distintas religiones, por tener otro color de la piel o en el colmo de los colmos por ser simpatizante de otro club de fútbol?
Esta locura que pretende institucionalizarse nos espera cada día agazapada en nosotros mismos o a la vuelta de la primera esquina. Por supuesto, se trata de la más peligrosa de todas y por ella la vida humana se transforma en muchos momentos en una pesadilla. Miles de personas, millones mueren diariamente por agresiones derivadas de esa locura no reconocida que atraviesa los siglos y que tuvo su culminación cuando hace dos mil nueve años, asesinaron a Jesucristo prefiriendo salvar la vida de Barrabás. Pero todavía no nos hemos arrepentido del todo, puesto que los hechos demuestran que Jesús no sirve sólo como ejemplo de comportamiento sino como encarnación del amor. Es decir que Poncio Pilatos sigue lavándose las manos, mientras nosotros seguimos prefiriendo la salvación de Barrabás convertido en ídolo. Y esto del ídolo nos lleva a otra locura; la que hace que miles de jóvenes enloquezcan por un conjunto de rock de música pop, perdiendo así la condición de personas, dado que enajena su autoconciencia descuidando el desarrollo que permitiría la atención de su yo único e intransferible.
Consumismo y masificación
Parecería que no queremos superar la vida pagana, aunque en verdad se trata de un seudopaganismo, porque está mezclado con la civilización del consumismo.
La locura no reconocida hace mucho más daño, como vemos, que cualquiera de las otras que hemos enunciado, ya que se esconde con la máscara de la normalidad.
No son muchos los que denuncian esta demencia porque gracias a ella obtienen pingües beneficios los que saben aprovecharla. Millones y millones de dólares se facturan en beneficio de los grupos capitalistas que manipulan recitales y conjuntos seudoartísticos de popularidad mundial, y aquí nos encontramos con otra locura, la de quienes explotan la masificación humana.
¿Cómo curar una locura que no es reconocida como tal? ¿Quién de nosotros admitirá estar incluido entre los que la padecen? Y en esto reside el mayor problema, no es sólo la contaminación ambiental física la que destruye lentamente el planeta, esta insidiosa demencia que ataca a la mayoría de los gobernantes y gobernados y que se origina día tras día en el desconocimiento de que Dios está entre nosotros y comparte nuestra vida, Poncio Pilatos sigue lavándose las manos en Argentina, en Estados Unidos, en Irak, en Corea del Norte, en fin, en todo el mundo.




