Artes Visuales
Mujeres pintadas
Artes Visuales
Mujeres pintadas
Por Domingo Sahda
Con el título del encabezado Sergio Fasola ha inaugurado en fecha reciente, en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas, Peatonal San Martín 2068 de nuestra ciudad, una exposición de trabajos tentativamente encuadrados en el territorio de la fotografía no convencional, mediante los que hace gala de un singular talento para concertar sobre el plano imágenes de terceros reelaboradas y reconfiguradas en espacios y situaciones que caracterizan a esta singular propuesta plástica, que reúne en deliberada síntesis icónicas dos modos de resolución inicialmente sentidos como antagónicos, hiato hoy holgadamente superado. Poseedor de un oficio de rango mayor el expositor ha organizado su muestra nucleándola alrededor de la fotografía por una vía expresiva de alta sofisticación cuya temática gira en torno de la mujer, las que a modo de ritual estático se ofrecen a la mirada o nos interrogan precisamente con su mirada.
¿Mujeres pintadas por quién? Con este inicial juego de contrasentidos el expositor nos induce a incursionar en un mundo en el cual la ficcionalización se produce por vías paralelas.
Mujeres pintadas por otros en distintos momentos de la historia de la cultura de Occidente, sacralizadas como prototipos de género son tomadas como citas provocadoras por sobre las cuales el expositor, con singular y subrayada eficacia, imprime imágenes otras, construyendo desvíos expresivos preñados de connotaciones e intencionalidades deliberadas. Sergio Fasola vincula la producción de sus imágenes con una práctica ya extendida y presente en otros territorios inherentes a los lenguajes artísticos contemporáneos. Las “citas” tomadas de terceros y articuladas en un nuevo discurso se constituyen en discurso visual que admite la dispersión del sentido, no siendo de menor fuste la inteligencia del productor de imágenes en explorar lo preexistente y tomarlo para construir un nuevo paradigma expresivo. Las imágenes previamente convocadas van desde el Post-Renacimiento florentino a la actualidad sin solución de continuidad, desde el sesgado erotismo de “La Cala” hasta la ironía corrosiva de “Las Meninas”. Fasola retrata y se incluye, cámara en mano, parodiando a Velázquez y su pincel.
La magnificencia visual de la que hace gala Fasola discurre en cada trabajo en los cuales nada es lo que parece ser. Juego para entendidos, gratificación general para quien se interna en el territorio de la muestra. No hay miradas inocentes aquí, no tiene por qué haberlas en el acotado mundo decidido por Fasola con sus obras a la vista. No las tiene el autor. La inmediatez en la captación icónica se produce en el público, quien eventualmente queda embargado por el despliegue técnico-visual con el que se enfrenta y se gratifica, para regodeo del fotógrafo-pintor. La reflexión indagatoria acerca de “qué dice” el autor con esto que hace “a qué refiere”, plantea otros interrogantes en tanto las imágenes iniciales son usadas como disparadores de su voluntad de hacer, de registrar y proyectar pulsiones internas que hacen del merodeo y la elipsis su modo de aparecer en el plano. Veracidad y ficción se entretejen en un esplendente discurso visual que “muestra”, que “se exhibe a sí mismo”, atrapando la mirada del ocasional visitante. La colección muestra seductores trabajos que encandilan al espectador desprevenido por la delicada y eficaz construcción plástica influidos por el Manierismo como actitud creativa. La “Lección de Anatomía del Dr. Tulp”, pintura original de Rembrandt Van Rijn deviene en contrasentido ante el cambio de la imagen de primer plano original por un desnudo femenino repantigado en un sofá “Pompier”. Juego para entendidos en uno y otro trabajo. El viaje entre el ayer y el hoy con la sola limitación de la voluntad y el interés por buscar un camino creativo personal, decantando imágenes, superponiéndolas, articulando un discurso visual que anuda la precisión del registro literalmente “enfriado” técnicamente con la riqueza cromática de texturas visuales iridiscentes, con el acoplamiento de imágenes que entretejen un universo multiforme, desconcertante, ocluido, “desangelado” donde el ayer y el mañana desaparecen, deviniendo un caótico y revulsivo hoy. A contrapelo de lo que se ve, el esplendor de la luz suele velar sombrías presencias que asechan en las obras de Sergio Fasola.
Un recorrido Urbano
Un nuevo espacio llamado Fundación Centro, sito en calle Corrientes 2582, de la ciudad de Santa Fe se incorpora al mapa de lugares para mostrar y confrontar trabajos plásticos de autores de la región, sin distingos etarios o de orientación expresiva alguna. En suma un espacio que enriquece el contexto de los ya existentes en directo beneficio de horizonte cultural cercano. En esta ocasión presenta sus obras el artista Cali (Carlos) Esquivel, activo y residente en Rosario, de vasta trayectoria que remite a la docencia, la arquitectura y a la crítica de arte. Esquivel titula a la colección a la vista “Un recorrido Urbano”, indirectamente luchando con el espacio físico que alberga su muestra, un tanto precario y de complejo recorrido que, suponemos y esperamos, mejorará a la brevedad para beneficio colectivo. El expositor nos propone una reflexión visual en torno de la calidad de la vida urbana, apelando a despojados recursos plásticos manejados con solvencia y en ajuste a su intencionalidad expresiva. No pretende el autor seducir la mirada con proposiciones de contrastado cromatismo o arriesgada resolución espacial o de texturas cargadas de tensión emocional, sino que, centrando sus procesos de configuración plástica en el collage y en la trama de grises contrastados y superpuestos a modo de mosaico, elabora recorridos visuales cuyo inicial despojamiento obedece a la voluntad de incidir en la conceptualización visual antes que en la fruición de la forma inscripta en el plano. La muestra se puede abordar desde diferentes recorridos, en tanto que cada obra se vincula e interactúa con el espacio entorno sin depender de contenidos exteriores a sí misma. “En su conformación plástica estos nuevos mapas se balancean entre lo abstracto y lo figurativo, el dibujo y la escritura, el lenguaje y la metáfora. En lo significativo expresan el desamparo y el refugio, la desolación y la aglomeración, el hastío y el humor”. (Impreso de la muestra, Esquivel, C.).
Con meticuloso oficio el expositor resuelve cada obra, paso a paso, reflexivamente. Controlar el proceso, equilibrar y continuar hasta el fin parece ser su voluntad de “decir”. Cada instancia está concretada sin fisuras ni correcciones a la vista. Cada subespacio está donde debe estar, al servicio de la voluntad del autor, sin resquicios en su apretada poética que reniega del color y de la sensualidad de la materia. Algún ocasional y muy restringido acento cromático, casi imperceptible, opera como acento un tanto inusual que intenta reforzar el sentido. El grisado de las texturas obtenidas por sumatoria continuada de trozados de papel en mosaico a modo de teselas destila por sus bordes levemente irregulares la tensión contenida, el autocontrol excesivo del que hace gala el autor en cada obra exhibida, sea en el plano, sea en el volumen de objetos expuestos, como giro levemente humorístico, de humor sesgado.
Trabajos de formato medio-menor demandan una atención razonada, equilibrada y medida. Los límites autoimpuestos no se trasvasan en ningún momento. El desafío se centra en los conceptos antes que en lo expuesto, sin desbordes de ninguna naturaleza.
“Diana”, obra de Sergio Fasola.
Foto: Archivo El Litoral
La magnificencia visual de la que hace gala Fasola discurre en cada trabajo en los cuales nada es lo que parece ser.