Hace 11 años

Claudia busca a su hermana melliza

Nació en Capital Federal hace 33 años. A los 22 se enteró que tiene una hermana melliza y desde entonces la busca. A través de la Línea Directa se contactó con El Litoral para relatar su historia y, sobre todo, encontrar a la persona que para ella es su “otra mitad”.

Mónica Ritacca

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Claudia tiene 33 años y vive en Capital Federal. Nació a la 0 hora del 2 de febrero de 1976, en el Sanatorio del Norte del barrio porteño de Belgrano. Hace 11 años se enteró, aunque siempre lo supo internamente, que aquel día no fue la única que salió de la panza de su mamá para conocer el mundo sino que fueron dos: ella y otra niña más. Desde entonces la busca y está segura de que algún día la encontrará.

En una charla telefónica con El Litoral, Claudia se dispuso a contar su historia sin titubear ni dudar en ninguna respuesta. Aparenta ser una mujer fuerte, y los 11 años que lleva de búsqueda lo confirman. Su lucha no es fácil, pero no piensa en abandonarla sino en recuperar un lazo familiar que le faltó durante 33 años.

—¿Cuál fue el desencadenante para buscar a tu hermana?

—Mi mamá nos tuvo por parto natural y enseguida, después de que nacimos, nos alzó en sus brazos. Estábamos bien de salud y por eso pudo tenernos en la habitación. De hecho los médicos le habían dicho que se quedara tranquila porque las tres estábamos bien. De todas maneras, como nacimos ochomesinas nos llevaron a la incubadora, de donde regresé yo sola a los brazos de mi mamá.

Ocurrió que esa misma madrugada, cuando había muy poca gente en el sanatorio, le avisan a mi papá que una de las mellizas había fallecido. Después de decírselo, lo quisieron convencer de que a ella no la anotaran, que sólo me anotaran a mí, porque tramitar la partida de defunción le iba a traer mucho sufrimiento y ellos eran padres primerizos y muy jóvenes. También le sugirieron que no retirara el cuerpo, que lo dejara para estudio. Mi papá la anotó igual, como Gabriela Magdalena, y pidió que le devolvieran el cuerpo, que lo hicieron pero en un cajón herméticamente cerrado y sellado que luego cremaron en el cementerio de la Chacarita.

—¿Por qué tus padres esperaron 22 años para decirte que tenías una hermana melliza?

—Yo siempre sentí que tenía una hermana. A los 2 años, cuando empecé a hablar, mis primeras palabras fueron mamá, papá y dónde está mi hermana. Todo el tiempo preguntaba por ella, y me decían que yo era hija única y que no tenía ninguna hermana. Cuando fui adolescente me llamaban la atención los hermanos mellizos a tal punto que le decía a mi mamá que tenía alma de melliza. No es fácil de entender, pero siempre sentí que me faltaba una mitad. Eso fue la que la llevó a mi mamá a contarme. Cuando lo hizo le dije que yo lo presentía, que lo que necesitaba era saber dónde estaba. Me respondió que había muerto a las horas de nacer, pero le dije que eso fue lo que le hicieron creer a ella, que mi hermana estaba viva. Y ahí empezamos la búsqueda. Ella me dice que no me contó nada de chica porque no quería causarme dolor, pero en realidad creo que hizo eso para no causarse ella más dolor.

—¿Qué pasó una vez que te enteraste?

—Empecé a buscarla porque sé que está viva. Llevo 11 años buscándola, pero recién ahora me animo a difundir mi imagen especulando con un posible parecido. No somos gemelas, pero a veces los mellizos se parecen mucho.

Al mismo tiempo, con mi mamá comenzamos una serie de averiguaciones y fuimos encontrando un montón de irregularidades. Entre ellas, que la partida de defunción está firmada por un médico que no la atendió, que el diagnóstico que consta es por hemorragia intracraneana no traumática mientras que a mi papá le dijeron que falleció por fallas cardíacas...

Además, cuando me acerqué al cementerio de la Chacarita, un señor mayor encontró que mi hermana figuraba en el libro de cremaciones donde se anotaba a la gente abandonada que había sido encontrada en la calle o estaba en la morgue de un hospital. Esa misma persona me aconsejó que pusiera un abogado porque el cementerio estaba intervenido por todas las cosas que pasaron durante esos años.

También recurrí a las Abuelas de Plaza de Mayo para hablar con Estela de Carlotto, quien me dijo que no podían tomar el caso porque mis padres no eran militantes ni fueron secuestrados. Me derivó a hablar con organismos como la Defensoría del Pueblo de la Nación, donde me dijeron que lo único que podía hacer legalmente era demandar al sanatorio. El tema es que ya no existe más: presentó quiebra en distintas oportunidades, después fue un neuropsiquiátrico y ahora directamente no hay nada porque demolieron el edificio. Un dato importante que me dio Estela de Carlotto es que seguramente mi hermana no se llama Gabriela Magdalena, como le pusieron mis padres, y puede llegar a tener un año de diferencia respecto de mí.

—¿En estos 11 años de búsqueda tuviste algún indicio de ella?

—Pistas tuve un montón, sobre todo de gente que veía mis fotos y me decía que tenía una vecina o una amiga parecida. Pero después, cuando me mandaba la foto por e-mail, resultaban ser personas nada que ver. Igualmente soy conciente de que estoy expuesta a que pasen esas cosas, es decir a crearme expectativas en falso. Estoy dispuesta a encontrarla, y no voy a parar hasta lograrlo.

—¿Por qué la buscás en Santa Fe?

—Mandé mi historia a muchos diarios del país. Pero con Santa Fe me pasa que me dijeron que en Rosario hay una chica muy parecida a mí. Pude contactarme con ella por Internet, que vio mis fotos a través de una cadena de e-mail y se sorprendió del parecido que tiene conmigo. Paralelamente esta chica busca su identidad porque no es hija biológica de la gente que la crió, quienes le dijeron que había nacido en Capital Federal. Está anotada el 12 de abril de 1976, dos meses después que yo.

Pero cuando le mostró mis fotos a sus familiares directos, le dijeron que era imposible que yo fuese su hermana porque en realidad nació en San Juan. Lo último que supe de ella, todo vía e-mail porque no me mandó fotos, es que está muy asustada y confundida. Cayó en una profunda depresión y quedó en escribirme, pero hace un mes que no lo hace y puede llegar a ser ella.

—¿Te imaginás cómo sería el encuentro con tu hermana?

—Sueño con conocer a mi hermana y sé que en algún momento nos vamos a juntar. Estoy segura de que ella, esté donde esté, duda de su identidad. No sé si me busca a mí, pero sé que está buscando algo. Me imagino el encuentro como un momento muy difícil y es lógico porque nos privaron de 33 años de relación. De todas maneras, el amor que uno lo lleva adentro es muy fuerte y creo que el encuentro va a estar plagado de felicidad.

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Claudia especula con algún parecido con su hermana. Se animó a difundir su imagen hace pocos años, sabiendo que corre el riesgo de crearse expectativas en falso.

Foto: Gentileza de Claudia

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Cuando era chica Claudia jugaba con su hermano, con quien se lleva una diferencia de tres años.

Foto: Gentileza de Claudia