El último discurso
 

 

La nota

 

Hay importantes motivos para celebrar estos 25 años de democracia argentina.

Todo lo que nos ha dado en materia de libertad, de derechos, de lucha contra la impunidad. Todo lo que ha significado el retorno a una sociedad que quería salirse de su compartimento estancado, para volcarse como corresponde en una sociedad abierta a la fraternidad que significa el encontrarse juntos con el propósito de vivir esa vida común que es lógico que se viva en una democracia.

Mientras estemos persuadidos de que es imprescindible comprender que la democracia no sólo es libertad sino también búsqueda de la igualdad, iremos conformando una sociedad más libre que, en definitiva, dé la respuesta que nosotros y nuestros hijos esperan para una realidad que es necesario definitivamente mejorar.

Es imprescindible que nos demos cuenta de que tenemos que trabajar juntos. Que es necesario el diálogo. Diálogo que no es simplemente conversación entre gobierno y oposición. Que es diálogo dentro de la oposición. Pero que se caracteriza fundamentalmente por esa presencia del gobierno que no puede de ninguna manera sentirse el realizador definitivo de la Argentina del futuro, porque haya ganado una elección

Fíjense; el mundo que vivimos nos obliga a ser inteligentes. A encontrar los caminos correctos. América Latina está comenzando a dar los pasos fundamentales de una socialdemocracia que solamente podrá concretarse si abandonamos de una vez para todas la idea de que es necesario construir esa democracia social sobre la base de la destrucción de lo que existe.

Yo recuerdo en el acto del obelisco. Juntamos un millón de personas. No podrá hacérselo de nuevo, porque gracias a Dios no tendremos más dictadura.

Era el deseo de salirnos de la dictadura lo que movilizó a tanta gente. Vamos a superar, a pesar de todo lo que ocurre, a pesar de todas nuestras desgracias, a pesar de todos los peligros que se ciernen sobre el mundo, vamos a encontrar de una vez por todas la forma de concretar el país con que soñamos.

Muchas gracias

Raúl Alfonsín.

Buenos Aires.

Octubre de 2008.