Una vida dedicada a la política
Luchó para redefinir a la UCR y para recuperar la democracia. Después, para preservar el orden constitucional y la armonía entre los argentinos. Una militancia que le demandó hasta sus últimos días.
De la redacción de El Litoral
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Archivo El Litoral/ DyN
Con una trayectoria política de más de medio siglo y un reconocimiento que ya había superado las fronteras del radicalismo, Alfonsín logró convertirse en una de las excluyentes figuras políticas de las últimas décadas y símbolo histórico del retorno a la democracia.
“Con la democracia se come, se cura y se educa”, fue su consigna preelectoral más recordada hasta el presente, aunque también marcó la historia argentina con la famosa frase “Felices Pascuas, la casa está en orden”, que con alto contenido político pronunció desde el balcón de la Casa Rosada en 1987.
Raúl Ricardo Alfonsín nació el 12 de marzo de 1927 en Chascomús, una ciudad agrícola ganadera de la provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes gallegos republicanos, que lo envió al Liceo Militar San Martín para cumplir con sus estudios secundarios. La historia registra como una coincidencia de particulares resonancias, que fuera compañero de Jorge Rafael Videla y Leopoldo Fortunato Galtieri.
Pero Alfonsín decidió no continuar con su carrera militar y se inclinó por una trayectoria ligada, en primer término, a la abogacía y, luego, a la política, desde donde defendió los principios históricos del partido de Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen.
Génesis política
En 1950 dio inicio a su participación política con la fundación del “Movimiento de Intransigencia y Renovación” de la UCR en su pueblo natal y cuatro años más tarde era elegido concejal en esa localidad. La Revolución Libertadora de 1955 lo encarceló como a muchos jóvenes militantes de la época, pese a no estar ligado al peronismo, pero en 1958 pudo retomar su actividad y fue electo diputado provincial. A partir de allí comenzaría un ascendente recorrido por la política que lo llevaría a ser diputado nacional durante el gobierno de Arturo Illia y, posteriormente, presidente del Comité Provincia de la UCRP.
La dictadura de Juan Carlos Onganía volvió a interrumpir en 1966 la normalidad democrática, puso en prisión a Alfonsín, aunque por un breve lapso, y recién 10 años después, con la vuelta a la presidencia de Juan Domingo Perón, pudo retomar su labor legislativa al ser electo diputado nacional.
La década del ‘70 fue un eje clave en la vida política del último gran líder del radicalismo, porque comenzó a definir un perfil ligado fuertemente al progresismo y a rodearse de gran parte de los referentes que, unos años después, lo acompañarían en su gestión al frente del Poder Ejecutivo.
Es así como comenzó a cosechar el respaldo de la histórica Junta Coordinadora -integrada por los entonces jóvenes Leopoldo Moreau, Federico Storani, Enrique “Coti” Nosiglia, Facundo Suárez Lastra o los hermanos Stubrin- y de la poderosa agrupación estudiantil universitaria Franja Morada, que confrontó internamente al balbinismo, con un perfil de centro izquierda social demócrata.
Apogeo y caída
Su reconocida lucha por los Derechos Humanos en los ‘80 también tuvo su germen con la fundación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos en 1975, junto a otras personalidades como Adolfo Pérez Esquivel -futuro Nobel de la Paz-, Alicia Moreau de Justo y el indiscutido referente del socialismo Alfredo Bravo.
A fines de 1982, con el nefasto resultado de la guerra de Malvinas que comenzó a poner fin a la dictadura militar, se comenzó a gestar en el radicalismo un proceso de transición con la mira puesta en la contienda con el peronismo por la Presidencia de la Nación. Alfonsín logró vencer en las internas al otro precandidato, Fernando de la Rúa, y luego de una encendida campaña electoral que reunió en su cierre a un millón de personas en el Obelisco, el 30 de octubre de 1983 era elegido presidente democrático, al derrotar a Italo Lúder.
El Juicio a las Juntas que impulsó en 1985 se convirtió en uno de los principales símbolos de una gestión, que poco después comenzó a verse opacada por constantes amenazas militares -que motivarían las controvertidas leyes de Punto Final y Obediencia Debida-, y serios problemas económicos que lo obligaron a abandonar seis meses antes su cargo, en 1989.
Permanencia
Cinco años pasarían antes de su reaparición en público para la firma del polémico Pacto de Olivos en 1994, un estratégico acuerdo que llevaría a Carlos Menem a una segunda presidencia, pero que también significaría el rechazo de sus correligionarios.
Unos años después, Alfonsín reaparecía como uno de los artífices de la Alianza UCR-Frepaso y él mismo encumbraba a la presidencia de la UCR y luego de la Nación a quien derrotó en el ‘83: Fernando De la Rúa.
En 1999, sufrió un grave accidente automovilístico en la provincia de Río Negro, que puso en peligro su vida, pero su fortaleza permitió una completa recuperación que le posibilitó continuar con su actividad política hasta sus últimos días, cuando participó -a través de un mensaje grabado- del emotivo festejo en el Luna Park por los 25 años de la democracia.
No obstante el paso del tiempo, continuó siendo el líder del radicalismo. Una de sus últimas jugadas en el tablero político fue encolumnar al partido, en 2007, detrás de la candidatura presidencial de un peronista, como Roberto Lavagna. Después de obtener apenas un 2% de los votos en las elecciones generales de 2003, Alfonsín lograba que su partido se ubicará en un tercer puesto, cuatro años después, recobrando parte del electorado perdido.











